LA OBRA
Este precioso ballet fue coreografiado por Marius Petipa a finales del siglo XIX, sobre música de Tchaikovsky. El ballet clásico, la mímica y las danzas populares rusas se dan la mano para conformar esta versión de La Bella Durmiente, según versión del director artístico del Kremlin, Andrey Pretov.
Destacamos como momento culmen, el pas de deux, entre los dos protagonistas, la princesa Aurora, bailado por la elegante deliciosa y coqueta Natalia Balakhnicheva y el príncipe Desiré, bailado por Aidar Shaidulin.
El pas de deux magnífico de la boda entre ellos dos empieza con un adagio a cargo de ambos, sigue con variaciones alternas, una para ella y otra para él, una lenta, otra rápida y acaba con un nuevo dúo exigente de técnica, resuelto con una pose entrelazada. Debemos matizar que, a pesar de la inmensa belleza, glamour y carisma de Balakhnicheva, hubo ligeros fallos (alguna batería mal resuelta y algunos finales de coda flojos).
En contraste con la dulce Natalia, Cristina Kretova demostró una seguridad técnica aplastante en su interpretación de Florina, la princesa que estaba encerrada en la torre a quién liberó el pájaro azul - Martynjuk- un gran intérprete con especial potencia en su baloon o salto natural.
El público salió encantado con esta versión de Petrov de la maravillosa coreografía de Petipa.
A realzar el lirismo delicado de la expresión de Natalia Balakhnicheva y sus extraordinarias extensiones y la rotundidad técnica de la Kretova que, a más de uno, nos dejó con el gusto del Ballet bien hecho.







