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Buenos Aires vuelve a respirar al evaporarse el humo tras un mes de quema de pastos

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Después de casi un mes de incendios al norte de Buenos Aires, los habitantes de la capital argentina recuperaron ayer casi por completo el aire limpio. La quema de pastizales, una práctica tradicional de renovación, afectó a unas 70.000 hectáreas de islas del delta del río Paraná, unos 200 kilómetros al norte de la capital, y tuvo a la ciudad bajo el humo durante semanas hasta que cesó el fuego.

Pero, como dice el dicho, donde hubo fuego, cenizas quedan. Ayer algunos vecinos de los suburbios del norte aún percibían algo de humo y olor a quemado. Las autoridades explicaron que los rescoldos aún emanan, pero aseguraron que ya no existen focos de llamas en el campo.

Si bien no hubo víctimas fatales directas por los incendios, la falta de visibilidad en las carreteras por el humo provocó diez muertos y decenas de heridos en accidentes viales. Además, aumen- taron las afecciones respiratorias y oftalmológicas. Las organizaciones ambientalistas denunciaron asimismo que el fuego afectó severamente a la flora y la fauna del delta, que es parte de un corredor de humedales que nace en el Pantanal en Brasil y desemboca en el Río de la Plata.

Expansión de la soja

Los ecologistas aseguran que las quemas comenzaron a ser frecuentes a fines de los noventa, después de que la soja, principal cultivo de exportación en Argentina, se expandiera y empujara al ganado del continente hacia las islas. Fomentado por autoridades provinciales, que alquilaron tierras fiscales a bajo precio, el desplazamiento incrementó su magnitud cuando se inauguró en 2003 un puente sobre el delta del Paraná que facilitó el traslado de los animales.

La escala productiva aumentó tanto que la práctica se tornó peligrosa. Como consecuencia del fuego, la Secretaría de Ambiente denunció a una veintena de productores que quemaron sus campos.
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