Con las cosas de jugar no debe jugarse. ¿Qué culpa tienen los niños de que el régimen iraní considere a estos juguetes una manera de «intoxicación de valores occidentales»? Por cierto, también la padecimos los niños de Occidente en otras épocas, si bien sólo hasta cierto punto. Aunque nos regalaran tebeos como 'Flechas y Pelayos', los que no éramos definitivamente tontos comprábamos 'El aventurero', donde Flash Gordon se batía victoriosamente con los habitantes de un planeta maligno, ayudado por los 'hombres halcones', que eran tipos de altos vuelos y de gran corazón. ¿Cómo habría sido nuestra bombardeada infancia si no nos hubieran permitido leer las novelas de Doc Savage, ni de 'La sombra', ni de Pete Rice, que era como el abuelo de Gary Cooper que vendría después en versión plena?
En aquel tiempo todos los juguetes pinchaban menos los de papel, que eran los semanarios. Además, eran lo único que se hacía en color en aquella época en la que casi todo el mundo iba de luto. Gracias a aquellas primeras lecturas nos aficionamos a los libros que prohibían nuestros 'ayatolás'. Y gracias a Dios.











