
Los distintos parlamentarios consultados deducen que el reparto de cargos en el Congreso es el primer síntoma de que «se va hacia un partido pequeño». La dualidad que se dio en los últimos cuatro años, con portavoces sectoriales casi siempre distintos en el partido y en la Cámara baja, vino obligada por la necesidad de colocar a los numerosos pesos pesados del gobierno saliente, pero causó numerosos conflictos. Eduardo Zaplana se quejó siempre de esta mecánica de contrapoderes entre Génova y la carrera de San Jerónimo e incluso denunció en público el error después de la derrota electoral, el 13 de marzo, cuando anunció su retirada de la primera fila de la política activa.
Con los nombramientos del pasado martes, Rajoy situó a todos los secretarios ejecutivos y secretarios de área -que integraban hasta ahora la cúpula del partido- en portavocías y puestos en las presidencias de las comisiones parlamentarias. «Les ha dado premios de consolación porque no van a repetir en sus puestos en el partido», dicen en los despachos del Congreso. «Es una decisión que le permite tener manos libres para hacer un nuevo equipo de dirección sin compromisos con nadie», apunta uno de los agraciados con el puesto que había solicitado. «Va a hacer lo contrario de lo que hizo en 2004 y que tantos problemas nos acarreó. Ahora el protagonismo estará en el grupo parlamentario y la dirección del partido se encargará de asuntos internos», añade la misma fuente.
Los 'zaplanistas'
Han pasado más de cuatro años de liderazgo de Mariano Rajoy en el PP y sus dirigentes siguen sin saber interpretar con certeza muchas de sus decisiones. Es lo que ha ocurrido también con la atribución de responsabilidades parlamentarias que acaba de conocerse en el Congreso. Más allá de adelantar el cambio de modelo en el diseño de la dirección, los populares piensan que «los nombramientos no obedecen a una lógica».
Consideran que se ha castigado a los 'zaplanistas', pero no a todos -Vicente Martínez-Pujalte será portavoz de Presupuestos-; los jóvenes han pasado a primera línea, aunque algunos se han quedado sin nada; y se ha hecho una renovación generacional, pero no ha sido total porque a ciertos veteranos se les ha dado puestos de relumbrón. Con mayor claridad, los diputados identifican el intento de Soraya Sáenz de Santamaría de pacificar a su grupo situando a los parlamentarios más 'revoltosos' -Arístegui, Ballesteros, Hernando, Echániz- en buenas posiciones. «Así se desactiva el peligro», apunta un experimentado dirigente.
Pocos dirigentes populares se atreven a adelantar acontecimientos sobre los planes que alberga el líder del partido para los políticos que han sido descartados en este reparto porque se han quedado sin nada o con puestos de poca relevancia. «Da la impresión de que ha dejado libres de responsabilidades de peso o en puestos que exigen muy poca dedicación a Esteban González Pons, José María Michavila, Ana Mato, Jorge Moragas, Jaime García Legaz o Juan Manuel Moreno porque quiere contar con ellos para el partido», afirma uno de los consultados.
En el diseño de una dirección más reducida cobra fuerza la idea de que González Pons se convertirá en la nueva cara del partido como portavoz y ariete contra el PSOE, función que ya está desempeñando de facto desde que tomó posesión como diputado. Si Rajoy no se atreve a nombrarlo 'número dos' en la secretaría general, González Pons trabajaría mano a mano con un secretario general más volcado en tareas de organización interna, perfil que coincide con el del actual portavoz en el Senado, Pío García Escudero, al que une una antigua amistad con el parlamentario valenciano. Más difícil encaje en el aparato organizativo tienen Juan Costa o Manuel Pizarro, que sólo pueden estar en el segundo nivel de autoridad puesto que fueron apuestas personales que asumió el líder del PP en previsión de su éxito electoral.
El ex jefe de gabinete de José María Aznar y parlamentario por Madrid, Carlos Aragonés, es otro caso singular que se ha quedado sin nada habiendo sido mucho en el PP. Sin previo aviso, fue sustituido por Miguel Arias Cañete como presidente de la comisión para las relaciones con la UE pero, a cambio, tampoco se le ha ofrecido destino alguno. En medios cercanos a la dirección popular aseguran que Aragonés ha pasado a ser diputado raso porque mantiene una manifiesta discrepancia con la forma en que Rajoy gobierna el partido.







