Miren, en esto de la caza siempre hay alguien más listo que el furtivo de turno, por muy lince y montaraz que se crea. Sin ir más lejos, los mismos guardas. Están todo el día en el monte y saben leer como nadie el más mínimo incidente e incluso interpretar su religioso silencio: una pisada en un cerreteril en el que previamente han barrido con una rama, un portón cuya manilla han cerrado a distinta altura, la presencia de buitres, una luz de noche, un casquillo de bala, un objeto que brilla, las pisadas mas pronunciadas de un animal que huye, la información de los pastores y, sobre todo, algo determinante: la lectura de las pistas.
A pesar de que está totalmente prohibido todavía en fincas cerradas, la guardería coloca en las pistas tablones con clavos debidamente tapados con tierra u hojas. Coche que entra, allí se queda con las ruedas pinchadas. Sea como fuere, los verdaderos cazadores -la inmensa mayoría- no van a soportar esa lacra de desaprensivos que no dudan en doblar el dedo índice en cualquier lugar y fecha, por muy prohibido que esté. El mal que hacen a la propiedad y al colectivo es de armas tomar, nunca mejor dicho.
Y cambiando de tercio, el 15 de junio se celebrará en el campo de aviación de Dima el XVI Día del Cazador y Pescador.







