
PROGRAMA
PROGRAMA PARA HOY
«Estábamos hasta el gorro de recibir y hacer llamadas para preparar las fiestas; y se nos ocurrió que lo mejor era acabar con los teléfonos para liberarnos de la tensión y el estrés», explicaba. No en vano, la agenda de los festejos del barrio, que comenzaron el miércoles y acabarán esta noche con la traca final, incluye más de 40 actos, que se dice pronto.
El campeonato, eso, sí tenía truco. Y es que ninguno de los móviles que se vieron volar por los aires eran propiedad de los aguerridos lanzadores de Abetxuko. «Son todos viejos que nos han dejado de una tienda», reconocía Hernando. En cualquier caso, la competición sirvió igualmente para liberar la ansiedad acumulada.
Cervecita
Sobre las once de la manaña, un nutrido grupo de jóvenes, pertenecientes a las cuadrillas Bustiak y Decididos, se reunieron para ir calentando motores antes de comenzar el duelo. Lo hicieron de la mejor forma posible, recorriendo las calles del barrio en un alegre pasacalles amenizado por la fanfarre Biotzatarrak. Por supuesto, hubo paradas para echar «una cervecita». Y es que ya se sabe que la práctica deportiva requiere una «buena hidratación» previa.
Por fin, a las doce del mediodía llegó el momento más esperado. Una veintena de 'deportistas' se situó tras una línea marcada en el césped de las campas. Uno a uno fueron lanzando los móviles -desprovistos de la batería para no contaminar los jardines- con un estilo que para sí habrían querido los mejores lanzadores de peso de Atenas en los tiempos de la Grecia clásica.
Marcelino Claver, de la cuadrilla Bustiak, demostró ser el más hábil y fuerte de Abetxuko. Con un tiro de 49 metros, se convirtió en el mejor lanzador de móviles del mundo y el primero de la historia. «Ha sido suerte», afirmaba con humildad. Aunque, con una sonrisa sádica, añadía que «es un gustazo humillar los Decididos».
La cuadrilla perdedora tendrá una oportunidad de resarcirse esta tarde en la competición de 'fútbol lunático'. Se trata de jugar al deporte rey, pero con caretas en la cara, lo que dificulta la visión. Para el resto, hay un completo programa de actividades. Por la mañana, vehículos clásicos y coches antiguos invadirán el barrio vitoriano. Ya por la tarde, un pasacalles alegrará las calles. Y para los que todavía tenga fuerzas tras tanto trajín, habrá verbena con el grupo Lisker, y traca final por la noche.









