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«Sólo hay un 'Templado' en tu vida»
03.05.08 -

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«Sólo hay un 'Templado' en tu vida»
Correr con ellos. Frédéric Pignon, durante el show. / Cavalia
'Sombragrís' ayudó a Gandalf contra Saurón en 'El señor de los anillos'; 'Bucéfalo' conquistó mundos junto a Alejandro Magno; 'Rocinante' se entusiasmó con la utopía de Don Quijote y 'As de Oros' hizo la revolución junto a Zapata. Cuadrúpedos que robaron al perro la medalla al mejor amigo del hombre. Si hasta 'Platero', siendo un pobre burrillo, inspiró de ese modo a Juan Ramón...

Frédéric Pignon también tuvo, como Napoléon, su 'Marengo', como el Cid, su 'Babieca', y como Lucky Luke, su 'Jolly Jumper', -también conocido como 'El caballo más listo del mundo'-... Se llama 'Templado' y hoy descansa en la finca familiar que el matrimonio tiene cerca de Avignon. Pero fue el mejor, el único, al menos para Frédéric, porque Magali también tiene su preferido; se llama 'Dao'. «Estos caballos llegan a ti en un momento de tu vida y se convierten en algo muy especial, creas una relación que no tienes con otros», dice la domadora.

Porque 'Templado', un lusitano tordo y entero (sin castrar), tiene ya 22 años, edad más que suficiente para jubilarse en el mundo equino. Un día, en Canadá, sus dueños lo vieron tan agotado que decidieron dejarle descansar ya para siempre en Avignon. Pero al poco tiempo recibieron una llamada de los padres de Magali. Así lo recuerda Frédéric: «Nos decían que 'Templado' estaba triste, deprimido, con lo que nos lo trajimos al espectáculo de nuevo y... nunca había visto un caballo tan feliz, se vino a mí como un niño, casi me tira al suelo al verme».

Un día enfermó, y su dueño decidió no sacarle en el show de esa noche: «En cuanto estuvo mejor, nos daba a entender que quería trabajar y... ¿tenías que haberlo visto cuando salió! Hizo el mejor espectáculo de su vida, parecía una estrella. Si le abrías la puerta del establo se iba siempre directamente a la pista. Es increíble cómo disfrutaba, ésta era su vida».

Sin embargo, en Barcelona, 'Templado' amaneció una mañana cansado, con poca gana, como diciendo que era hora de volver al hogar. «Lo enviamos y ahora está en Francia, contento, viviendo la vida que le queda. Será difícil encontrar otro como él. Sólo hay un 'Templado' en tu vida», profetiza Frédéric con ojos brillantes. Como a sus caballos, a él también se le entiende por la mirada.
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