
Pese a tantos factores adversos, los baskonistas echaron toda la carne en el asador y desde el primer momento pelearon con denuedo, en un auténtico espectáculo con el que vibró la afición desde Vitoria. Decenas de personas acudieron al tradicional punto de encuentro, el centro del Baskonia en el Boulevard. Armados con camisetas, bu-fandas, trompetas y unas gargantas a prueba de bomba, animaron con todas sus fuerzas, aunque sabían que lo tenían complicado.
«Tiene posibilidades, pero como siempre nos dan una de cal y otra de arena nunca se sabe. Por lo menos disfrutaremos», vaticinaba Patxi. Y vaya si lo hicieron. Como Ione Etxabe, Nerea Trimiño, Paula González y Laura García, que reconocían que el rival «que le ha tocado es duro, pero si lo hace bien...», deseaban en medio de un guirigay de palmas y silbidos alternos que se incremetaron cuando los de Spahija consiguieron ponerse, por primera vez, dos arriba.
«Lo están haciendo genial, ojalá sigan así, con tal de que en el último cuarto no lo fastidien como alguna otra vez, podremos volver aquí a ver la final», aseguraban entusiasmados Beñat Garayo, Jon García, Hector Calderón, Igor Recio, Borja Velasco, Erlantz Izura, Andrés Gil y Lorena. Su euforia se desató en el segundo cuarto con un triple de Rakocevic que hizo soñar a todos con que a la cuarta sí podía ser la vencida.
Tensión y nervios
Pero no era oro todo lo que relucía y poco a poco, el CSKA recortaba distancias. Caras de tensión, cruces de dedos y uñas mordidas delataban los nervios y sobresaltos que se vivían de forma continua. «Estamos sufriendo con los tiros de Spliter, pero hay fe con los triples de 'Rako'. Las estadísticas están para romperlas», recalcaba Ainhoa López de Luzuriaga junto a Maider y Olaia Elorriaga.
En el tercer cuarto todavía había tiempo para la esperanza, aunque los rostros de los aficionados diseminados por los bares del centro de Vitoria dejaban traslucir cierto desánimo. El CSKA revivía y el panorama se oscurecía para los azulgranas. Una vez más, Rakocevic acudió al rescate para mantener viva la ilusión. «Está siendo muy intenso y juegan muy bien, pero los rusos son un gran equipo difícil de ganar. Ya es mala suerte que nos hayan tocado primero», se lamentaban desde el Down Sara Barreal y Lara Regidor. A falta de tres minutos para el final, la incertidumbre se despejó y dejó paso a una resignación teñida de orgullo, aunque una tímida esperanza sobrevoló por la afición baskonista en los últimos instantes. Una lástima.






