Los baskonistas jugaron, probablemente, el mejor primer tiempo que hemos visto en mucho tiempo. Un cuarto inicial de control a la propuesta rusa, con una defensa colectiva excelente, y un segundo donde la dirección y ritmo a cargo de Planinic y Prigioni rentabilizaron la primorosa presencia de Splitter en las dos zonas.
La segunda parte fue tan buena como la primera. El equipo ruso dio una vuelta más de tuerca, impulsado fundamentalmente por Holden y con una mayor agresividad gracias a la presencia física de Smodis y Andersen. A todos estos retos el TAU respondió y se comportó. A cinco minutos del final el CSKA hizo un pequeño agujero en el marcador de siete puntos, una ventaja que le sirvió para manejar el resultado hasta el final, a pesar de la reacción positiva de los baskonistas.
Crecimiento
Si otras veces la derrota de los vitorianos, a parte de decepción, ha dejado una sensación de impotencia, de un querer y no tener, esta vez el TAU mostró la sensación de que estos cuatro años no han pasado en balde. Demostró experiencia, saber jugar este tipo de partidos. Una victoria ayer no hubiese sorprendido a nadie. En una palabra, está un paso más arriba.
Esa experiencia se concretó en la imagen de un equipo que sabe lo que quiere y cómo hacerlo. Si esto sirve para que se convierta en un hábito, en una línea más regular, este conjunto todavía tiene muchas cosas que conseguir esta temporada.
Y de todo lo anterior queda una conclusión. Está claro que el Baskonia se comporta de forma excelente en los momentos importantes, ante rivales duros. Todo lo contrario que cuando ha debido enfrentarse a los adversarios teóricamente más débiles. Un dato muy interesante ante la inminente llegada de los 'play off'.






