
Al final, el conjunto ruso demostró que, cuando el baloncesto se convierte en una pelea de desgaste, acaba por ganar casi siempre el mejor armado. El TAU facturó grandes momentos de baloncesto en muchos minutos, pero cometió un pecado mortal al no aprovechar las ventajas de que disfrutó en el marcador. Entró y salió del encuentro en demasiadas ocasiones y no supo guardar lo tan duramente ganado con su trabajo. La ventaja de seis puntos con que llegó al descanso (39-33) fue dilapidada en un santiamén tras la reanudación. Fue el momento crítico en el que el CSKA salvó un auténtico 'match ball', se recuperó del golpe anímico de ver a sus dos mejores exteriores -Langdon y Siskauskas- lastrados con tres faltas y esperó su momento.
Golpe cruel
El mandoble más cruel llegó para el Baskonia en el arranque del último cuarto. Un parcial de 0-10 en contra otorgó al CSKA una de esas ventajas (61-69, minuto 35) que no acostumbra a desaprovechar. Hasta entonces, el plantel de Spahija había mantenido dudas en ataque y mostraba serios problemas en el juego interior. De hecho venían de lejos después de que James Singleton cometiera su tercera falta personal en el primer cuarto y desapareciera por completo del encuentro. A partir de entonces, Will McDonald y Tiago Splitter se convertirían en los únicos referentes en la pintura e incluso llegaron a compartir cancha, en contra de las costumbres habituales de Neven Spahija. Para próximos comprimosos no sería descartable volver a echar mano de este recurso.
En todo caso, la desconexión letal sufrida por el TAU en el último cuarto fue el último episodio de un acoso y derribo continuo y metódico del conjunto de Ettore Messina. Durante el fatídico parcial, el CSKA transmitió la sensación de tomar en cada momento la decisión acertada en ataque. Sólo cuando el Baskonia se lanzó a la desesperada a falta de un minuto y dieciocho segundos ((68-77) logró volver loco el encuentro e incluso añadir un rayo de esperanza a lo que para entonces era todo oscuridad. Pero incluso cuando los vitorianos lograron ponerse a tres puntos a falta de 29 segundos, daba la impresión de que Ettore Messina y los suyos tenían el cronómetro en sus manos y lo manejaban a su antojo.






