Se exilió, en consecuencia. Pasó a vivir en Italia, país de adopción en donde lleva ya más de tres décadas. Estudió sociología y se comprometió con el periodismo. En la actualidad es uno de los subdirectores del 'Corriere della sera' -el más prestigioso de los periódicos italianos- y los lectores de sus artículos y de sus ensayos le tienen, y con toda razón, como un autorizado experto en temas referidos al mundo musulmán. Desgraciadamente ya no espera -como en sus días de juventud- poder impulsar la modernización del islam; pero ahí sigue, erre que erre, sacando a la luz del día el potencial de violencia que encierran las páginas del Corán y más aún los 'hadices' o tradiciones de la vida del Profeta. No faltan en el presente, es verdad, quienes pretenden dar una interpretación estrictamente espiritual a la llamada 'guerra santa', la famosísima 'yihad', como si se tratara del esfuerzo ascético para alcanzar una perfección mayor a los ojos de Alá. Pero hay que retorcer mucho los textos para dar por buena esta interpretación de los mismos. Y, sobre todo, ahí está la biografía del propio Mahoma, bañada en sangre desde los primeros días de la conquista de Medina; y ahí la historia de la expansión del islam por toda la cuenca del Mediterráneo a golpe de cimitarra. Y hasta hoy: ¿Acaso no son ciertas las amenazas de muerte que, como apóstata, va recibiendo estos días el neófito Magdi Cristiano Allam?
Éste ha tenido a bien comentar que conoce personalmente a varios cristianos de Italia y de fuera de Italia procedentes, como él, del mahometismo, pero que mantienen oculta su conversión al Evangelio. ¿Por qué? Por lo que podría ocurrirles. Saben que su conversión, interpretada como apostasía, puede ser incitación a que algunos fanáticos musulmanes quieran hacer 'justicia' en nombre de Alá y encaminarles a la tumba antes de tiempo ¿Violencia querida por Dios? Cada día son más los musulmanes que se rebelan contra la violencia que propicia su fe. Se avergüenzan, en estos tiempos de humanismo y de hasta pacifismo, de la violencia que se cuece en su religión y de aquí que sus exégesis de los textos del Corán y de los 'hadices' miren a darles un significado meramente espiritual. También el cristianismo ha estado marcado durante siglos por la violencia; pero las muertes en nombre de Cristo tienen que ser atribuidas al pecado de los cristianos y no, en modo alguno, a un impulso del Evangelio. Los musulmanes de hoy tienen que resolver, y cuanto antes, el problema de la violencia que de una u otra manera descalifica su fe a los ojos de propios y extraños.
Tendrán también que resolver el déficit de libertad que se advierte en las filas del islamismo. El paso de cristianos al islam no comporta problema alguno a quienes optan por abandonar su fe cristiana y adherirse a la musulmana; pero no es igual, ni mucho menos, el espacio de libertad de los musulmanes que desean hacerse cristianos. Éstos han de ocultar en la medida de lo posible -incluso a sus propias familias- su conversión a Cristo. En Argelia, por ejemplo, los convertidos del islam al cristianismo se reconocen como 'Amigos de San Agustín' y a título de tales 'amigos' celebran sus reuniones e incluso la Eucaristía del Señor. Todo esto, sin embargo, en un clima de clandestinidad o poco menos. ¿Hasta cuándo?
Este interrogante bulle en la cabeza de cada día más y más musulmanes. El progresivo y, por lo que parece, imparable descubrimiento de la dignidad humana y de los dictados de la conciencia individual que se va produciendo en las elites intelectuales musulmanas está creando un inicial clima de tolerancia para con las otras religiones, mucho más decidido que el vivido hasta ahora en la secular historia del islam. Sabido es que los fieles del islam daban por descontado que su fe y su religión eran las únicas verdaderas y que por ello estaban por encima de todos los demás credos. Claro está que esto mismo o algo muy parecido le pasaba al cristianismo, pero ya hace tiempo que los cristianos más conscientes han reconocido la superioridad de la conciencia personal sobre cualquier listado de dogmas. Cabe esperar que esta misma evolución se irá dando entre los fieles musulmanes. Lo tienen todavía muy difícil, sin duda. El islam se resiste a abandonar el literalismo de sus textos sagrados. Entiende, valga por caso, que las páginas del Corán fueron reveladas a Mahoma palabra tras palabra por el arcángel Gabriel. Aún no ha descubierto esa herramienta exegética que se conoce como los 'géneros literarios'. Pero la descubrirá algún día y resituará los textos en las distintas épocas en que fueron escritos y en los precisos contexto que les dieron vida.
Será ésa una hora de libertad en el islam. Su impacto se extenderá a todas las manifestaciones de la fe musulmana y esto, junto con el importante contacto que las sociedades islámicas van manteniendo con la cultura occidental, acelerará la evolución del islamismo hacia comportamientos menos medievales. Ya hay hombres en el islam que reclaman unas posturas de reciprocidad con las sociedades occidentales. No entienden que los musulmanes gocen de libertad para levantar sus mezquitas en Roma, Madrid, París o Londres y que la construcción de templos cristianos encuentre muy serias dificultades -cuando no prohibición total- para abrir sus puertas en las sociedades musulmanas. También llegarán aires de libertad para la condición femenina en esas mismas sociedades. La situación actual es insostenible, al menos por mucho tiempo. La emigración a los países europeos o americanos, las imágenes de la televisión y de las películas, el movimiento feminista en varios países de fe musulmana aunque no árabes son elementos que, combinados, darán al traste con estos tradicionales déficits de libertad en el mundo del islam.
Así las cosas, ¿se podrá seguir afirmando con tanta resolución que el bautismo de Magdi Cristiano Allam ha sido una provocación? ¿Se podrá seguir diciendo que el protagonismo de Benedicto XVI ha sido excesivo y desafiante? ¿O se deberá pensar, más bien, que la Iglesia ha perseguido con estos gestos dar un nuevo impulso a la modernización del islam, objetivo cada vez más añorado por los propios musulmanes?











