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EDITORIAL
Riesgos para el PP
03.05.08 -

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Los gestos de concordia que ayer se prodigaron Mariano Rajoy y Esperanza Aguirre en los actos del bicentenario del Dos de Mayo permitieron al presidente del PP dar por zanjado su enfrentamiento con su correligionaria, aunque la escenificación expresa por parte de los dirigentes conservadores del encauzamiento de sus relaciones está dando también la medida de las disensiones en sus filas tras la derrota electoral. Rajoy confía en que el partido llegará más unido al congreso de junio y se comprometió a realizar un esfuerzo de integración entre las distintas sensibilidades que están aflorando en la formación, no sólo por discrepancias ideológicas o sobre el modo de enfocar la tarea de oposición, sino también por parte de aquéllos que se sienten ninguneados tras la recomposición del grupo parlamentario. Ambas afirmaciones revelan, sin embargo, las dificultades que afronta el máximo responsable del PP en el intento de consolidar su liderazgo, incluso en el supuesto de que el cónclave de Valencia se cierre con la voluntad compartida de centrar todos los esfuerzos en la reconstrucción de la alternativa al PSOE.

Si resulta cuestionable que el congreso pueda erradicar totalmente las diferencias de fondo explicitadas tras el 9-M, también lo es que esa disposición a sumar las diferentes posiciones diluya las tensiones y, lo que es aún más relevante, que contribuya a clarificar el proyecto de oposición del PP. La identificación de las discrepancias como fruto de aspiraciones personalistas ha contribuido a proyectar hacia afuera la división interna, pero, al plantearse en esos términos, también ha solapado el debate sobre la estrategia que habrá de desarrollar el partido en los próximos cuatro años. Con su aparente aceptación de que el congreso apuntalará el liderazgo de Rajoy pero sin que eso signifique ninguna certeza sobre la candidatura a las generales de 2012, los populares corren el riesgo de que el momento en que pueda producirse esa designación se convierta en una especie de objetivo último. Lo que significaría tanto como minusvalorar que el aspirante, sea quien sea, sólo lo podrá ser con garantías desde los réditos que proporcione una labor de control al Gobierno lo suficientemente eficaz como para retener los apoyos propios y atraer a quienes dieron la espalda al PP el 9-M.
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