
EL SERVICIO
-¿Costó poner en marcha el centro?
-Mucho, fue de los primeros. Se puso en marcha con dinero de nuestro bolsillo y sin ordenador. Al principio, había días enteros que no venía nadie.
-¿Usted ha sufrido discriminación?
-Tengo 49 años y en mi época, sencillamente, no se hablaba del tema. A mí me faltaban palabras para poner nombre a lo que me pasaba. Tuvieron que pasar años para aceptarlo con normalidad. No he sufrido en propia carne el rechazo, pero he estado con mujeres a las que les han echado de casa. Le puedo hablar de palizas y de historias que pasaban entonces, o de insultos...
-¿Las lesbianas lo pasan peor que los gays?
-Yo creo que sí, hay un pelín más de estigmatización. Y es por la misma desigualdad que hay entre hombres y mujeres. Hay muchos más obstáculos para que una mujer se reconozca como lesbiana.
-¿Tienen menos glamour?
-Todavía el lesbianismo no ha alcanzado el estatus de glamouroso, de guay, de culto, de divertido. La gente no sabe cómo son.
-Usted dice que en Euskadi son invisibles en la esfera pública.
-En Euskadi ya hay una porción de hombres públicos -el Ararteko, concejales...- que te dicen con total naturalidad 'soy gay y lo sabe todo el mundo'. No hay una figura pública del ámbito de la política, las artes o la cultura que se atreva a decir 'yo soy lesbiana', y eso significa que hay más obstáculos.
-¿Deberían salir del armario mujeres conocidas?
-Yo creo que sí. Sería importante que una mujer conocida lo hablara con total naturalidad. Ofrecería referencias a otras muchas que están como hace 25 años, con dificultades para aceptarse y asumirlo. Lo que pasa es que esto forma parte de la voluntad de las personas, no se les puede obligar.
-¿Ayudan las series de televisión?
-Ayudan mucho. En el centro de documentación, lo que más se ve son las series. Las de 'Hospital Central' son 'superfamosas'.
-En estos catorce años habrán cambiado mucho las cosas.
-Ya no solamente llaman gays y lesbianas con unos problemas increíbles. Llaman entidades de todo tipo interesándose por esta realidad y por organizar actividades de sensibilización. Eso denota un cambio social importante.
Silencio en el trabajo
-¿Cuáles son ahora los principales problemas?
-Igual no estamos en un momento de discriminación flagrante, de grandes palizas e insultos. Pero la gente sigue encontrándose muy sola, muy aislada. Cuando descubre que es gay o lesbiana sigue pensando, como hace 25 años, 'soy rara, yo qué soy', y eso significa que algo está fallando, tanto en el sistema educativo como en la familia. Todavía los padres y madres no lo entienden.
-¿Son los últimos en enterarse?
-Sí. Los primeros en saberlo son los amigos y las amigas, luego se extiende a la gente más cercana en el trabajo y los últimos en saberlo son el padre y la madre. Piensan que les van a causar más dolor. Por mucho que intentemos normalizar el tema, todavía es percibido como algo anómalo, raro.
-¿Influye la edad?
-No, qué va. Nos estamos encontrando con generaciones de padres muy jóvenes que tienen dificultades bastante grandes para aceptar la homosexualidad de sus hijos. No lo reconocen porque es políticamente incorrecto. Suena feísimo decir que no aceptas la homosexualidad, cuando en realidad no pasa nada.
-¿Y en el ámbito laboral?
-Hay un silencio absoluto. Según las últimas encuestas, sólo el 15% de los gays y el 7% de las lesbianas lo dicen en el trabajo. La gente se lo calla y por eso no hay apenas discriminaciones laborales. Recuerdo un caso en una emisora. Una mujer fue despedida por ser lesbiana, recurrió y el tribunal ha ordenado que sea readmitida.
-¿Aquí hay casos que llegan a los tribunales?
-Le podría haber contado de hace cinco o seis años, pero en la actualidad no.
-¿Están aumentando los casos de violencia en parejas homosexuales?
-Cada año viene más gente con ese tema, atendimos una veintena de casos el año pasado.
-¿Sigue el mismo patrón que la violencia machista?
-Sí. Las parejas se conforman con unas claves determinadas de celos, de control. Cuando esos patrones se manifiestan de manera violenta... hay gente que dice 'me controla la cartilla, no me deja salir, me está agrediendo...'. Es el testimonio que puedes escuchar de una mujer maltratada por un hombre.
-¿Pero se sienten más desprotegidas?
-Claro, porque no se pueden acoger a todos los recursos que se han desarrollado para la violencia de género. Pedimos que se incluyera la violencia intragénero, pero no se consideró.
-¿Y qué hacen las víctimas?
-Se ponen denuncias, aquí hay un chico que ha venido con los ojos morados. Se emiten órdenes de alejamiento, pero no tienes el respaldo de la ley. Lo que pasa es que muchas personas no denuncian. Creemos que se pueden estar dando muchos casos de maltrato psicológico. A veces viene gente en estado muy límite.





