
Eran las 9 y 19 minutos de la tarde noche del jueves cuando una locomotora que acababa de abandonar la estación de Aranguren, una más de las paradas que el tren de Feve hace a su paso por Zalla, arrolló a un turismo. Según fuentes de la compañía, el 'Volkswagen' sorteaba en ese momento el paso a nivel con barrera que separa Mendi Alde de la carretera que atraviesa el pueblo, extremo que ayer confirmaban varios testigos. El impacto fue terrible: el turismo salió lanzado contra el muro de una casa próxima, llevándose por delante el semáforo, la barrera y todo lo que pilló por delante. Al principio, la violencia del golpe hizo temer que no hubiese supervivientes.
La Policía comprobó que no era así. La niña pequeña, apenas 4 años, iba en el asiento trasero en una sillita y fue la que salió mejor parada. La sacaron del coche sin, al menos en apariencia, heridas de consideración. Los Bomberos tuvieron que emplearse a fondo con su padre, J.B.Z., de 43 años, y su hermana, de 12, que quedaron atrapados en el interior y a los que hubo que desencarcelar. Momentos más tarde, los tres eran conducidos en ambulancia al Hospital de Cruces, donde pasaron la noche; uno ingresado en el área de Evolución de Urgencias y las menores, en Pediatría. El hombre y la hija mayor tenían conmoción, y él además un esguince de tobillo.
«Les dio en el morro»
«Les salvó que la locomotora impactó contra el morro del coche, cuando éste todavía no se había subido a la vía. Si le llega a dar de lleno, lo hubiera arrastrado un centenar de metros y no se salva ni uno», explicaba Pedro García mientras paseaba a su perro por las vías del tren. El hombre tiene su casa a cincuenta metros escasos de donde se produjo el siniestro. La colada colgaba ayer deslucida en la pared ante la que pasan a diario «tres trenes de ida y tres de vuelta hacia Santander, además de los mercancías».
A Pedro García, lo ocurrido no le sorprende especialmente. «Los conductores que cruzan por esa zona suelen saltarse el paso a nivel a menudo, porque Feve acostumbra a mantener las barreras bajadas 20 ó 25 minutos y luego, sin necesidad siquiera de que pase un tren, las levanta». No era el único en decirlo. Desde la Policía Municipal, el primer cuerpo que acudió al lugar aunque sea la Ertzaintza la encargada de llevar las diligencias, afirmaban que son «habituales» las llamadas de usuarios «quejándose de que la barrera no sube. Feve responde que si las bajas es porque los trenes hacen maniobras en la estación de Aranguren, pero ésta dista doscientos metros del paso a nivel». «Claro -comentaba un agente-, es tu obligación pedir precaución a la gente, pero cuando las esperas son una constante y te dejas media vida allí a diario, se acaban cometiendo imprudencias. ¿Que las barreras estaban subidas o bajadas cuando pasó el coche? Sólo puedo decirle que cuando llegamos nosotros una estaba arrancada de cuajo y la otra levantada. Eso sí, a los de la casa de al lado les han hecho una buena avería. El muro ha quedado reventado».
En casa de Juan Ramón Villar, donde el muro saltó por los aires, los daños eran «lo de menos. Lo importante es que no ha habido víctimas, porque si les pilla de lleno los mata. Dicen que él -por el conductor- vio pasar una locomotora, y como no levantaban la barrera, zigzagueó, sin esperar que a continuación, y en sentido contrario, viniese otra máquina, que es la que se les echó encima».
Fuentes de Feve negaban ayer cualquier responsabilidad en lo ocurrido e insistían en que el accidente se había producido con las barreras bajadas. «Ocurrió al paso de dos locomotoras, sin vagones de mercancías ni unidades de pasajeros. Todos los mecanismos de seguridad estaban activados y cuando la máquina salió de la estación lo hizo con el semáforo en verde. Afortunadamente, era festivo y a esa hora ya no había trenes de pasajeros».
Ayer, en Aranguren, un pueblo que suma hasta cuatro pasos a nivel con barrera en plena trama urbana, todos los comentarios giraban en torno al mismo tema. En el restaurante 'El Porrón', a tiro de piedra de la estación y de la fábrica papelera, los trabajadores mostraban su indignación. «Llevan años diciendo que van a trasladar las vías, soterrar... Pero sigue así. Ayer les tocó a ellos. Y si se salvaron, fue de milagro».





