
Pero todo tiene un precio. Las entidades han tenido que pujar fuerte por hacerse con ese dinero de pequeños ahorradores. La fuerte competencia en el sector ha provocado un aumento de la oferta, con nuevos e imaginativos depósitos de todo tipo y un muy importante incremento de la rentabilidad que ofrecen. En algunos casos, pueden superar el 5% para plazos a un año y hasta el 15% para un mes.
Con límites
Varios expertos consultados por este periódico coinciden en que esta situación no se puede prolongar excesivamente en el tiempo, ya que podría penalizar las cuentas de resultados de algunos bancos o cajas. «La guerra del pasivo se irá debilitando durante los próximos meses y los tipos de interés que se ofrecen en el mercado se irán reduciendo», pronostican.
Pero hasta que ese momento llegue, el 'boom' actual se está dejando notar en los balances de las instituciones financieras con fuertes aumentos de estos productos.
Ya en 2007 los bancos registraron un crecimiento de depósitos de la clientela -epígrafe que, además de los clásicos 'plazos', incluye cuentas corrientes, de ahorro y otros depósitos a la vista- del 13,5%, hasta alcanzar los 767.500 millones de euros, según datos de la patronal AEB. El pasado enero -el último dato disponible- captaron 12.739 millones en ese tipo de colocaciones. Esa cifra triplica la media registrada en ese periodo durante los cinco últimos ejercicios.
Mientras, las cajas incrementaron su saldo en un 13,6% y se situaron en 732.016 millones. Ese ascenso fue de un espectacular 23,9% en los depósitos a plazo en el primer trimestre de este ejercicio -en plena batalla por el pasivo-, al alcanzar los 443.859 millones.
El origen
Las claves de esta guerra tienen su origen en agosto de 2007. Fue ese mes cuando estalló la crisis de los 'créditos basura' de EE UU. Una de las primeras consecuencias del colapso que ha generado en los mercados -que se ha ido agravando durante los últimos meses y aún se mantiene con toda su intensidad- fue que la desconfianza se instaló entre las entidades financieras. Al no saberse qué bancos y cajas estaban afectados por ese tipo de productos, las entidades se mostraron extremadamente reacias a prestarse dinero entre ellas. El efecto fue inmediato: una falta de liquidez que ha colocado a numerosos grupos en una delicada situación y ha obligado a intervenir a los principales bancos centrales de todo el mundo para garantizar el negocio crediticio.
El 'boom' experimentado durante los últimos años por las hipotecas ha provocado que bancos y cajas hayan prestado mucho más dinero del que han recogido, lo que ha provocado un importante desequilibrio. En condiciones normales, esa situación era fácilmente reconducible acudiendo, por ejemplo, al mercado interbancario. Pero la sequía de liquidez ha generado situaciones insostenibles.
En ese complicado contexto, la casi única solución para muchos pasaba por volver a las antiguas fórmulas. Es decir, apretar el acelerador en la captación de pasivo. Para ello han concentrado sus esfuerzos y han lanzado suculentas ofertas para lograr hacerse con el dinero de los clientes
Evidentemente, la situación no es homogénea. No todas las entidades financieras atraviesan la misma situación de sequía. Los grandes bancos y cajas tienen posiciones más cómodas y disponen de recursos más que suficientes. Por lo tanto, no se ven forzados a recurrir a está fórmala. Pese a ello, de una u otra forma, todas han incrementado la remuneración de sus productos de pasivo. Aunque sólo sea por no perder posiciones frente a la competencia.
Otros factores
Sin duda, la crisis de liquidez es la principal causa del resurgimiento de la guerra del pasivo. Pero no es la única. Otros elementos han coadyuvado a 'calentarla' aún más. Uno de ellos ha sido los altos tipos de interés -actualmete están situados en el 4%- que mantiene el Banco Central Europeo en la zona euro. El encarecimiento del precio oficial del dinero ha permitido a las entidades financieras ofrecer mejores condiciones en este tipo de productos.
No obstante, la perspectiva de que el BCE pueda optar por bajar los tipos ante el agravamiento de la crisis económica -algo que ya le han pedido distintos gobiernos e instituciones internacionales- ha llevado a algunas entidades a rebajar la rentabilidad que ofertan.
Existe un tercer elemento decisivo para el auge de los depósitos. La incertidumbre y delicada situación que atraviesan los mercados financieros ha provocado una mayor aversión de los pequeños ahorradores al riesgo.
No hay que olvidar que tras años ininterrumpidos de subidas, la Bolsa española afronta un complicado 2008. Tras un enero aciago -ese mes se registraron pérdidas de hasta 19%-, el parqué ha logrado aligerar las pérdidas . Pero en ningún momento ha abandonado los números rojos. Así, el Ibex 35 cerró el primer trimestre del año con un recorte superior al 12% y ha concluido abril con unas pérdidas de en torno al 9%.
Los perjudicados
Como consecuencia, son muchos, muchísimos, los clientes que durante los últimos meses han modificado su estrategia. Han abandonado las posiciones de riesgo y han puesto su punto de mira en los depósitos que le aseguran una rentabilidad sin peligro.
En la otra cara de la moneda, los grandes damnificados tiene nombre propio: los fondos de inversión. Ya son 12 los meses consecutivos en los que los partícipes de fondos han retirado su dinero de ese tipo de activos. En total, 38.971 millones de euros, lo que representa el 16% del patrimonio global gestionado, según datos de Inverco, la patronal del sector. En ese periodo, esa industria ha perdido más de un millón de partícipes.
Sólo en el recién concluido mes de abril, las gestores de fondos vieron reducido su patrimonio en 4.200 millones de uros.
Aunque no existen cifras concretas, una parte muy importante de las cantidades que han salido de los fondos han huido hacia los depósitos. El director de Marketing de Ahorro Corporación, Marcelo Casadejús, destaca en el último informe de esa sociedad, que la evolución de los fondos «sigue embarcada en la negatividad, con un flujo de reembolso mantenido que se dirige hacia los voraces depósitos».
A tal extremo ha llegado la situación que la propia CNMV ha advertido de la pérdida de patrimonio que sufre la industria de inversión colectiva debido a la fuerte competencia de los depósitos.





