
Sin embargo, este año, debido a que estos profesionales acogidos al patronazgo del fundador de la ciudad decidieron sufragar los gastos de la restauración del gallinero de la catedral, el programa ha podido contar con una notable novedad.
Ayer, momentos antes de que diese comienzo la eucaristía que precede a la renovación de la ofrenda, se procedió a reabrir el gallinero. Rodeados de un nutrido grupo de vecinos, el director técnico del Taller Diocesano de Restauración, José Antonio Saavedra, explicó de manera resumida la labor realizada en el gallinero para hacerle recuperar su original esplendor.
A continuación tomaron la palabra el alcalde, Agustín García Metola, para agradecer a los administradores su deferencia para con el patrimonio calceatense; el presidente del Consejo General de Colegios de Administradores de Fincas de España, Miguel Ángel Muñoz, que hizo patente su satisfacción por haber contribuido a mejorar un símbolo muy notable de la ciudad y del Camino de Santiago; y Víctor Galán, la persona que se ocupa de cuidar las parejas de aves que habitualmente y por turnos, habitan el gallinero, quien, embargado por la emoción, dio públicamente las gracias.
Primer quiquiriqui
Una vez que el párroco y canónigo de la catedral, Francisco José Suárez, hubo bendecido el recinto y a sus moradores, las aves fueron depositadas en su remozado habitáculo. Una ovación de los presentes cerró el acto. Al poco de haber tomado posesión de su nueva casa, el gallo, pronto y bien mandado, echó su primer quiquiriqui. Luego, durante la misa, siguió proclamando a los cuatro vientos sus dominios.
La jornada concluyó con la ofrenda de la corona de laurel en memoria de los profesionales recientemente fallecidos, intercambio de imágenes con la Cofradía, entregando el presidente del Colegio de Guipúzcoa y Álava, Andrés Sández, un San Ignacio de Loyola, y una comida de hermandad.







