
-Creo que sí. Estoy encantado de que se haya puesto límite a las cuadrillas. Nos es normal que catorce amigos y catorce amigas formen una, se hagan una blusa de mejor o peor gusto, cojan una charanga y suban a San Juan.
-¿Es buena la agrupación?
-Es un gran acierto intentar que se unan las que son muy pequeñas y no permitir que haya más.
-Entre otras cosas, con tantas, el desfile se eterniza.
-También ha sido buena la iniciativa de dividirlo para que tenga una duración racional.
-Así que la labor de la Cofradía ha sido buena ¿no?
-Estoy encantado con el trabajo que ha hecho José Ramón Urbina y su grupo, pero hay una cosa que hay que solventar como sea, y hablo de los Ochotes.
-¿Qué falta?
-Que sean más participativos y que todos tengan la posibilidad de poder escucharlos, porque entre las familias de los que cantan y cuatro que tenemos la suerte de tener una entrada, ya no cabe nadie más. Es una fiesta del pueblo y la gente tiene que ir.
-¿Hay que solucionarlo?
-Está claro, ha arreglado el tema de las casetas y el monte, se ha recuperado parte del sentido religioso de la fiesta, pero queda este fleco.
-¿Y cómo?
-No sé si hay que traer una concha para que en un local amplio suenen bien, o comprometer al Ayuntamiento y la Junta, pero hay que atreverse a echar un pulso y llevarlos a un sitio mayor.





