
Pero hay mucho más. El astronómico precio del petróleo ha llevado a un espectacular aumento de la demanda de los biocombustibles, cuya primera generación se produce con cereales, básicamente maíz. Eso ha provocado que muchos agricultores hayan preferido plantar variedades para llenar depósitos en vez de estómagos, lo cual ha impedido un mayor crecimiento de la producción dedicada a la alimentación. En Estados Unidos, la producción de bioetanol ha aumentado un 30%, y la Unión Europea se ha planteado que, para 2020, el 10% del combustible pertenezca a esta variedad 'verde'.
Por otro lado, el cambio en la dieta de los dos países más poblados del mundo ha desestabilizado el mercado de cereales. En China e India, las clases media y alta se han convertido en consumidores netos de carne, a cuya producción, mucho más rentable, se ha pasado un porcentaje representativo de agricultores. De ahí que la superficie destinada a cereales roce niveles críticos y que, además, gran parte de la producción termine alimentando a cerdos.







