
Ayer, la edición electrónica de la revista 'Der Spiegel' reveló algunos detalles de la confesión de Elisabeth que ofrecen una nueva muestra de la brutalidad de su padre, ya conocido como el 'monstruo de Amstetten'. Según la mujer, durante nueve meses estuvo atada con una cuerda que le permitía alcanzar el inodoro. Los primeros nueve años de su cautiverio transcurrieron entre cuatro paredes y sólo en 1993 su padre habilitó otras habitaciones en el zulo. «Los tres niños que nacieron en el sótano fueron testigos de las violaciones», señala la revista.
Durante su primera y última declaración a la Policía, Elisabeth exculpó a su madre del calvario que sufrió durante 24 años y reveló que siempre había recibido alimentos y vestidos de su padre. Según el acta de la confesión, Elisabeth habría señalado que su madre no sabía nada de su martirio y, por lo tanto, no tiene nada que ver en la tragedia. «No sé por qué mi padre me escogió. Desde que tenía once años, abusó de mí en la casa, en el sótano y en el auto», declaró Elisabeth, cuando los agentes le prometieron que no volvería a ver a su padre.
Al día siguiente, Josef Fritzl confesó sus pecados, reconoció la paternidad de los hijos que dio a luz Elisabeth en el sótano, pero dijo que había encerrado a su hija para protegerla de las drogas y que siempre había sido una niña muy difícil.







