
Los autonomistas confían en que su iniciativa sea seguida en las nueve provincias del país de 9,8 millones de habitantes -el 62% identificado con alguna de las 37 etnias- y que cuenta con la segunda reserva de gas natural de Sudamérica.
La importancia de la consulta radica en que en los 370.621 kilómetros cuadrados de Santa Cruz, una extensión equivalente a nueve veces la de Suiza, habitan 2,6 millones de bolivianos, entre los que los indígenas declarados suman apenas 500.000. De aprobarse la autonomía -cosa segura pues las encuestas le dan un 71% de apoyo- el ejemplo podría extenderse por el país, e incluso algunos analistas temen que también podría traspasar las fronteras.
El conflicto comenzó en el mismo momento en que el ex líder cocalero ganó las elecciones presidenciales hace dos años y medio. Se fue agravando paralelamente ante los intentos del indígena aymara de poner en marcha su plan para «refundar» Bolivia y devolver a los «pueblos originarios» los derechos a los recursos naturales mediante una nueva Constitución --cuyo proceso constituyente no reconoce la oposición- y que está pendiente de ser aprobada en referéndum.
En el proyecto de la nueva Carta Magna se reconoce la autonomía para los departamentos, provincias y pueblos indígenas. Prevé entre otras medidas, una «reforma agraria» para entregar a los indígenas tierras de los latifundios, lo que afectaría a los empresarios cruceños y propietarios medianos que poseen el 73,1%. Veinticuatro empresas tienen 20.000 o más hectáreas de campos agrícolas o forestales y cuatro de ellas un promedio de 200.000 cada una.
Evo Morales ha nacionalizado varias empresas petroleras y la principal compañía telefónica. Estas medidas son rechazadas por el empresariado cruceño que unió fuerzas con el prefecto Costas para liderar una movilización que hoy marcará un punto y aparte para el país.
Amplias competencias
El proyecto autonomista rebelde da atribuciones exclusivas al gobernador y la asamblea de electos para designar autoridades judiciales, tributarias y electorales; definir políticas de tierras -que choca con la reforma agraria del Gobierno-, tributos, telecomunicaciones, vivienda, transporte terrestre y ferrocarriles. Podrían firmar acuerdos internacionales y regularían el estatus de los extranjeros.
Las posiciones son enfrentadas y existe temor a que la tensión derive en brotes violentos entre seguidores gubernamentales y opositores. Los convocantes llamaron a la calma mientras que Morales aseguró que «se equivocan algunos ex comandantes haciendo correr el rumor de un golpe de Estado». El gobernante expresó que «jamás vamos a usar a las Fuerzas Armadas» de forma partidaria o con intereses personales. Dijo que no impondría el «estado de sitio» pero que reforzaría la seguridad para mantener el orden. Prometió luchar «otros 500 años» contra los autonomistas y dijo confiar en el voto silencioso de los pobres. «Hay una gran rebeldía de la gente pobre contra esas logias».







