Las agresiones «salieron del instituto y se extendieron por el pueblo». «Estaba prácticamente enclaustrado en casa con mis padres». La familia acabó exiliandose a 200 kilómetros de distancia. Ahora, Ángel está contento de haber «rehecho su vida» lejos de aquel «infierno». «Pero sigo con pesadillas, nervioso, sin poder concentrarme en clase...»







