
Si algo demostraron sus dueños fue su acertado instinto empresarial para adaptar el centro a cada tiempo. En los sesenta y setenta hizo famosas sus matinales. «Con batidos de vainilla, ¿eh?», subraya Chavarria. Se convirtió en el club de moda. Todos querían celebrar en él su fiesta de fin de carrera. «Con los chicos y chicas separados», recuerda el popular periodista José María Iñigo. El alquiler de la sala salía 7.500 pesetas, pero el presupuesto se disparaba hasta las 15.000 si la música en directo la amenizaba Tony Ronald. Un clásico como el Arizona.





