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El otro caminante
Después de recorrer a pie más de 6.000 kilómetros, el vitoriano José Manuel Corres tiene previsto ofrecer charlas para exponer sus vivencias
05.05.08 -

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El otro caminante
SOLEDAD Y ASFALTO. Durante su viaje, José Manuel pasó días «completamente solo». / J. M. CORRES
Como otros largos viajes que ha hecho a pie José Manuel Corres, el último, el que le ha llevado hasta Alejandría, a más de 6.100 kilómetros de Vitoria ha supuesto para él «un proceso de búsqueda interior, un intento por alcanzar un mayor grado de autoconocimiento. Elegí Alejandría por su importancia cultural, simbólica y épica, pero también he recorrido India, Nepal, Tailandia, Vietnam, Birmania o Indonesia». No es la primera vez que «me da la ventolera y lo dejo todo unos meses, familia, trabajo ».

Hace exactamente un año, el 25 de abril de 2007, salió de la plaza de España con una mochila. Llegó hasta Arlés haciendo a la inversa el Camino de Santiago. Atravesó los Alpes. «Ya desde Italia, sufría mucho. Notaba los pies mal». La media era de cuarenta kilómetros por día, y en todo el viaje, sólo descansó cinco días en Estambul, y antes, otros cuatro en Venecia. «Mi madre, ya mayor, y mi hija volaron hasta allí para estar unos días conmigo, para darme ánimo». Recorrió Eslovenia, Serbia, Croacia, país este último en el que tuvo «un presentimiento negativo, una sensación desagradable que no me abandonó hasta entrar en Bulgaria».

En Antioquía, cerca de la frontera entre Turquía y Siria, unos soldados le dispararon -«es una anécdota más, de las muchas que te suceden cuando te pasas 8 meses solo, recorriendo medio mundo. Pero este incidente no empaña la imagen que tengo de Turquía, ni de su gente». Pasó noches en el desierto. Se hizo entender en inglés, árabe, italiano y francés.

En Siria, la gente lo confundía con un 'hadji' -el que peregrina a La Meca-. «Ellos daban por sentado que yo era musulmán, y en su fe, el peregrino merece grandes atenciones», así que se dejaba querer. Otra vez, una familia de gitanos lo acogió en su pequeña casa. Compartió con ellos techo y cena, «en momentos como éstos reflexionas sobre la naturaleza humana. ¿Haríamos nosotros lo mismo con un tipo con pinta de vagabundo, renegrido, demacrado?».

Después de 240 días, 6.100 kilómetros, y cuatro pares de zapatillas destrozados, no pudo más. «Aunque mentalmente me encontraba con fuerzas, físicamente estaba destrozado». Perdió casi veinte kilos, y ayer, cuatro meses después de su regreso, continuaba con la rehabilitación de sus pies, todavía maltrechos. Ahora, José Manuel quisiera dar cuenta de este viaje en un libro -«he llevado un diario, un volumen extenso, al que hay que dar forma. No pretendo que sea un libro de viajes, eso ya lo han hecho otros antes y probablemente mejor que yo. Mi idea es contar cómo me han tratado, describir situaciones que te hacen cambiar como persona. Mira, uno nunca vuelve igual que como partió». También planea pronunciar un ciclo de charlas en los centros cívicos y en Montehermoso.

Triple coincidencia

Durante su periplo coincidió hasta en tres ocasiones con otro caminante, Cyril Boland. «Un peregrino francés, de 29 años. Muy religioso. Quería (y lo logró) visitar las tres ciudades santas, Santiago, Roma y Jerusalén. Me hablaron de él en Zagreb. Coincidimos en el sur de Turquía. Y también en Israel.

Por fin, llegaron juntos a Jerusalén, «me quedé a sólo 500 kilómetros de Alejandría. Una lástima, los píes no podían. Llega un momento en que no los sientes como partes de tu cuerpo», comenta sin rastro de tristeza. No tuvo más remedio que tomar diferentes transportes para llegar hasta la Biblioteca de Alejandría, donde fue recibido por el director de relaciones exteriores: «Les trasladé una invitación del Ayuntamiento de Vitoria para que una delegación de la Biblioteca venga a nuestra ciudad en visita oficial».

Un año y una semana después de su partida, José Manuel está «metido de lleno» en la escritura de ese libro, pero aun así, «de vez en cuando», le entran tentaciones: «El otro día, en el programa de Roge Blasco, escuche algo sobre la ruta de la Seda y me dio un arrebato » También tiene pensado «tomar el té en la muralla china y subir al Kilimanjaro antes de que se deshiele el glaciar de la cumbre».
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