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Cultura

TOROS
Sorprende Morenito
05.05.08 -

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El santacoloma con el que confirmó la alternativa Morenito de Aranda, cinqueño con sus dos puntas afiladas, fue toro de buen son, humillador y noble. No muchas fuerzas. Las suficientes. Lo lastimó un picotazo en los bajos. Lo trató muy bien Morenito. Académica suavidad, oficio, buen temple.

No se podía abusar del toro, que pedía sus dosis de calma en cada lance. Una estocada sin puntilla pero con vómito. Fue arrastrarse el toro y en un golpe de sorpresa se plantaron en el ruedo, de espontáneos, ocho jóvenes miembros de un comando antitaurino con pancartas abolicionistas. No intervino en principio la policía. Monosabios, un chulo de banderillas, areneros y otras asistencias la emprendieron con el comando. Al fin llegó el asalto de los antidisturbios. Si es un fuego, y bomberos en lugar de policías, arde Roma. Superada la sorpresa, Morenito dio una vuelta al ruedo bien celebrada.

Segundo y tercero de San Martín, cinqueños como el resto, salvo el quinto, salieron buenos. Cuajadito, montado y encampanado, el segundo, negro entrepelado, se fue suelto de varas pero se dejó ver en un bello quite de Bolívar por gaoneras. Buen estilo. No tanta fuerza. De cuando en cuando las salidas distraídas de embroque tan clásicas en el toro santacoloma. Salvador Vega anduvo fácil. Al hilo del pitón, pero a pulso, compuesto, despegado. Preciosos muletazos sueltos. De vago espíritu la faena. Una estocada caída. Se echó el toro.

La de Sánchez Fabrés (o Coquilla) es una de las ramas mejores del nudo de santacolomas que conviven en la ganadería de San Martín y el tercero de la tarde pareció, por forma y fondo, de esa línea. No completo: por escarbar, por salirse distraído también más de la cuenta, por su pizca de falta de fijeza. Sin embargo, fue en el caballo el de mejor aire, más impulso y riñones.

Lo toreó a gusto Luis Bolívar, que lo lidió de salida bien de verdad. Una faena de más a menos, con una tanda espléndida en redondo casi al arranque. Sólo en la segunda puesta. Luego, a distancia recortada, toro menos entregado. Y luego, unos golpes de viento, un embarazoso intento con la izquierda y al quinto reclamo se le vino a Bolívar el toro encima y lo prendió. Lo tuvo además preso entre las manos. Ileso del trance el torero de Cali, pero se estropeó el invento, se indispuso el toro y sólo dio para matar. Muy honrosamente: la muleta a la pezuña, a paso de banderillas el embroque, la espada arriba.

Astifino imposible

El cuarto, cornipaso y cornalón, astifino, fue complicadísimo. Frenado, no atendía. Ninguna fijeza, ni la imprescindible. Dos puyazos sin emplearse ni darse por enterado. Trote cochinero antes de plantarse en seco para verlas venir. Imposible. No dejó a Vega ni atacar ni pasar con la espada. Lo esperaba. Procedía un bajonazo. Pero ni eso. Pasó el tiempo. Una estocada no bastó. Más pinchazos. Tres avisos y al corral.

El pulso volvió a la normalidad pronto. Un quinto bajo de agujas, veleto, cara de joven. Buenos lances de Bolívar que prometieron más toro de lo que hubo. Éste, repuchado en varas y dolido en banderillas, tuvo muy poco aliento, escarbó, se distrajo. Tuvo, con todo, nobleza. Buen manejo de Bolívar, buen pulso, sitio. Y una estocada en los bajos.

El sexto, de lindo cuajo, cabezón, brusco de partida y bronco en varas, escarbó antes de banderillas, salió un punto andarín. Pero metió la cara y obedeció. Y se atrevió con él Morenito en una faena de soltura, fácil carácter y segura decisión: de pisarle al toro el terreno donde se empleaba y de irse de él cuando lo buscaba al revolverse. Buen trabajo. De hacer méritos.
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