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La Rioja

DEPORTES LA RIOJA
Reconocimiento de causa
Partido aburrido en Las Gaunas, excusado por las circunstancias extradeportivas de los jugadores, tratados como héroes por una afición siempre leal
05.05.08 -

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Reconocimiento de causa
SEGURO. Raúl García estuvo muy sólido en la zaga, aunque los atacantes navarros no le buscaron demasiado las cosquillas. / FOTOS: RAFAEL LAFUENTE
Podrían hacerse dos lecturas del encuentro que ayer disputó el Logroñés. La primera, sin tener en cuenta la precaria situación que atraviesa la plantilla blanquirroja desde hace meses, incidiría en la pobreza del juego durante dos tercios de choque, demasiado pelotazo, imprecisión, poco fútbol. La segunda, la realista, valora la profesionalidad de un grupo de jugadores que ha puesto la otra mejilla una y otra vez, y está cerca de salvar un año que podría haber terminado mucho peor. Ésta es la opción que quedará reflejada en esta crónica, la que también ha escogido la fiel afición blanquirroja, que aplaude cada recuperación, cada regate, cada combinación, cada carrera, cada sustitución. Y que despide con ovación a los once protagonistas que sudan sobre el césped antes de enfilar el túnel de vestuarios.

Aun con todo, el primer tiempo del Logroñés no fue malo, aunque empezó poco halagüeño. Frío, contrarrestando el bochorno climático. Calentó los ánimos un Omar muy participativo, a veces demasiado ansioso, pero incisivo. Tras un centro por banda derecha de Campos que nadie pudo rematar, Omar alcanzó el esférico en la franja izquierda del área y lo devolvió por bajo al área pequeña. Allí lo cazó el combativo Ubis, que se revolvió y forzó la primera intervención de Andrés.

Los minutos pasaron con detalles de Omar, pero poca coherencia colectiva. Entre tanto, Osasuna se dignó a pisar campo riojano. Oier empalmó una volea que rozó uno de los focos lumínicos y dio paso a los mejores minutos locales. Apareció de nuevo el interior izquierdo en jugada personal, autopase dentro del área y centro raso que rechazó la zaga navarra. Seguidamente se sumó Ubis, cayendo en banda derecha, regateando, haciendo de Omar, y centrando para el zurdo que emuló al delantero, pero llegó un segundo tarde para empujar a gol.

En esos instantes funcionó bien el Logroñés, que se gustó en la mejor jugada del encuentro, iniciada desde la zaga, tocando con fluidez casi todos los futbolistas riojanos. Hasta que el balón terminó en banda derecha, Campos la puso bien, Candelas cabeceó mejor y Andrés desvió a córner con agilidad. Curiosamente, cuando mejor jugaban los pupilos de Abadía, Osasuna B creó su mejor oportunidad, la única, de toda la primera parte. Ángel ganó la espalda a la zaga por el carril diestro, esperó demasiado, la colgó y Vega, en área pequeña, se quedó entre un control y un tiro, ni una cosa ni la otra. Stef atrapó medio sorprendido.

Baja la espuma

El final del primer tiempo presagiaba un segundo acto entretenido. No lo fue. Los blanquirrojos regresaron al campo sin ritmo y abusaron de los envíos sin destinatario posible. El filial osasunista, en cambio, subió una marcha y se decidió a merodear el área riojana. Fruto de esa actitud más incisiva y de una asistencia vertical, Ángel se plantó dentro del área, algo escorado, pero solo ante Stef. El rumano salvó la mejor aproximación visitante rechazando a córner un disparo por bajo poco contundente.

El Logroñés se sacudió el dominio navarro con un disparo lejano y desviadísimo de Candelas, y con una buena llegada que culminó Ubis, de nuevo cayendo a la derecha, con un centro que José no pudo rematar con precisión. Veinte minutos después, sin nada digno de mención, el partido moría con los blanquirrojos más adelantados que su rival, que ya no hizo más. Tampoco hizo mucho antes.

Omar, en jugada individual, disparó desviado en el 87. En el descuento, Candelas voleó arriba. Y en el último instante, Tomi cabeceó un centro de Campos que sacó Andrés con apuros y que Ubis no pudo pescar por muy poco. Ovación final para los héroes de la afición. De no ser por la remontada del Burgos, ya habrían evitado matemáticamente la promoción. El descenso directo ya lo está.
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