
En los dos últimos partido ha roto lo que parecía ser un maleficio para él. Como cualquier ariete vive del gol, y estaba francamente negado. En San Leonardo de Yagüe, ante el Norma hizo el 0-1, gol que a la postre permitió al Mirandés empatar; y ayer destapó el tarro de las esencias. Logró el sueño de todo delantero, hacerse con el derecho de llevarse el balón del partido como recuerdo. No es fácil, pero ayer el vitoriano consiguió batir en tres oportunidades a Ortega, para el que se convirtió, sin duda, en una auténtica pesadilla por su movilidad, y lo que es más importante, su acierto rematador.
Su primer fue el que, en un partido un poco más complicado, habría significado la tranquilidad, hizo el 2-0.
Ya en la segunda parte y, cuando el Becerril había marcado su primer tanto, Salcedo volvió a poner tierra de por medio; consiguió en 5-1.
Los tantos siguieron cayendo en Anduva para deleite de los espectadores y el tercero de su cuenta particular fue el que significaba en el minuto 62, el, curiosamente 6-2.
Sin duda, Miguel Sola quiso que el joven jugador, que estaba necesitado de marcar, dejara Anduva del mejor modo posible, con una ovación de la grada. Por eso decidió cinco minuto depués cambiar a Raúl Salcedo.
Habrá que esperar que esta buena tarde tenga su prolongación y le haya servido como inyección de moral.





