
Esta sociedad tiene oficinas en Francia, China, Inglaterra, Estados Unidos y España (Madrid, Barcelona, Tarragona, Gerona, Lérida, Ciudad Real, Murcia y Alicante). El motivo de este cambio es por la creciente demanda del uso de traductores. «Cada vez se utilizaban más traductores en las comisarías con lo que era conveniente regular el tema y el Gobierno decidió sacar un concurso público que ganó Seprotec. Ahora falta por ver cómo funcionará todo y cómo nos adaptamos», asevera Luis Jesús Salvador, jefe de la Brigada de Extranjería y Documentación de la Jefatura Superior de Policía de La Rioja.
A la mínima duda
Hasta la llegada de Seprotec, para realizar traducciones en las comisarías riojanas se buscaba a cualquier persona que quisiera colaborar. «A muchos les proponíamos cooperar al comprobar que sabían un idioma que nos podía hacer falta. Para las lenguas más comunes, como inglés, francés o alemán, hacíamos uso de la escuelas de idiomas. Una vez que veíamos necesario utilizar un traductor se llamaba directamente a un intérprete de la lista y, si podía venir, inmediatamente acudía. Luego lo coordinábamos con el abogado. Esta sistema lo utilizábamos a la mínima duda de que la persona detenida no conociera el idioma, así evitábamos la indefensión», comenta el máximo responsable de la Brigada de Extranjería y Documentación.
Dependiendo de la infracción que el acusado hubiera realizado, se tenía más cuidado con la procedencia de los intérpretes. «Si la sanción era administrativa (relacionada con personas sin papeles), no hacía falta un exceso de confianza en el traductor, ya que las preguntas se referían a su entrada en España y si había conseguido trabajo. Pero cuando se trataba de un delito, sí que acudíamos a personas de nuestro entorno», declara Salvador.







