
Sin embargo, la Ley de Memoria Histórica recomienda a las administraciones públicas «tomar las medidas oportunas para la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura».
El general Juan Yagüe -falangista y amigo del dictador Primo de Rivera- fue uno de los principales integrantes de la sublevación de 1936 contra el gobierno de la II República, mientras que Jorge Vigón fue el ministro de Obras Públicas que en 1958 inauguró las estaciones de ferrocarril y autobuses de Logroño.
De la terna de conspiradores a favor de la sublevación militar de 1936, el general Sanjurjo es el único que sobrevive en el callejero, después de que Mola y Franco perdiesen el nombre que ocupaban en la calle Portales y avenida de la Paz, respectivamente.
Santos Ascarza es la vía dedicada a un teniente coronel de la División Azul que falleció en Rusia. Bailén, Belchite, Somosierra y Huesca no son simples homenajes a estos municipios, sino importantes batallas libradas durante la Guerra Civil.
María de la O Lejárraga
Entre las escasas mujeres reconocidas en el callejero logroñés figuran la escritora y diputada María de la O Lejárraga o la cantante Carmen Medrano. El Campillo, zona por desarrollar, acogerá nombres de escritoras como Ana María Matute o Emilia Pardo Bazán; mientras que Madre de Dios ya cuenta con una plaza dedicada a Carmen Arnedo.
Aun así, casi todas las mujeres que tienen el honor de que haya una placa colgada con su nombre en alguna fachada de Logroño han tenido que fallecer para recibir este homenaje.






