
Fotografía de Elisabeth Fritzl, la hija del 'carcelero' de Anstetten, que ahora tiene 42 años. /ARCHIVO
Un zulo diseñado al milímetro
El zulo de Amstetten, en el que la austríaca Elisabeth Fritzl estuvo encerrada durante 24 años, estaba resguardado por ocho puertas y varios mecanismos electrónicos instalados por su padre, según ha informado la policía austríaca.
El portavoz de la policía Franz Polzer, ha explicado en rueda de prensa que la principal habitación subterránea, en la que Elisabeth estuvo recluida durante los primeros nueve años de su calvario tenía 35 metros cuadrados.
Polzer ha explicado que Fritzl inició la construcción del calabozo subterráneo en el año 1978 y lo terminó en 1983. En 1993 y tras el nacimiento del cuatro hijo fruto de las relaciones incestuosas, el acusado amplió el calabozo subterráneo debajo de su casa hasta unos estimados 55 metros cuadrados.
Josef Fritzl encerró en 1984 a su hija, que tenía entonces 18 años, y la violó sistemáticamente. Nacieron siete hijos en ese sótano, de los que uno murió a los tres días de nacer y podría haber sido incinerado en el jardín por el acusado, según las investigaciones.
Según la explicación de Polzer, a la primera habitación se accedía durante los primeros nueve años a través de una puerta que pesaba unos 500 kilos, que tuvo que se reemplazada posteriormente por una puerta más liviana.
Las víctimas de
Josef Fritzl, el jubilado que encerró y violó a su hija durante casi un cuarto de siglo, se comienzan a conocer como familia y a aclimatarse a la vida en libertad, aunque la adaptación de quienes vivían en el zulo es más lenta, según ha señalado el médico responsable de su recuperación.
Para facilitar el regreso "a una vida normal" de Elisabeth Fritzl, de 42 años, y sus hijos, fruto de la relación incestuosa con su padre, los médicos han hecho un llamamiento a que se respete su intimidad. "La protección de la privacidad de la familia es prioritaria", ha declarado Berthold Kepplinger, director de la clínica de Amstetten donde está ingresada la familia desde hace nueve días.
Kepplinger ha explicado también algunos detalles de la vida en común de Elisabeth, sus cinco hijos, y su madre Rosemarie, mientras que aún se encuentra en la UCI la hija mayor del incesto, Kerstin (de 19 años) que ha mejorado su estado, pero que aún sigue muy grave y con pronostico reservado.
Aprender a vivir en libertad
La familia comparte un espacio aislado del resto del edificio, de unos 70 metros cuadrados, con los cristales oscurecidos para facilitar la adaptación a la luz de los tres encerrados en el zulo, Elisabeth y su dos hijos varones, Stefan, de 18, y Felix, de cinco.
Kepplinger ha precisado que "hablan mucho entre ellos, algo normal para personas que no se han visto durante mucho tiempo", y ha explicado que juntos realizan ciertas tareas domésticas, como hacer la cama por las mañanas o preparar juntos el desayuno y la cena. Elisabeth, Stefan y Felix aún siguen con su proceso de adaptación y tratan de "superar su dificultad para orientarse con el espacio", después de haber vivido en un exiguo zulo de 55 metros cuadrados.
El responsable médico ha señalado además que para facilitar la adaptación han dotado al espacio con los elementos que ya conocían y que habían sido proporcionados desde el exterior por su padre-abuelo secuestrador. "Tienen de nuevo un acuario, y naturalmente, los niños han recuperado sus peluches, y sus juguetes", ha explicado.
Píldoras vitamínicas y lámparas ultravioleta
Kepplinger ha explicado que la situación de los encerrados en el sótano no es tan mala debido a que el Josef Fritzl les abasteció con píldoras de vitamina D y con una lámpara de luz ultra violeta, para paliar el efecto de la falta de luz.
Felix, el menor de los hermanos, ha sido descrito como un niño especialmente "despierto y amigable" al que la piel se le está cambiando rápidamente a un tono normal gracias a la alimentación sana y el contacto con la luz. Elisabeth también ha tenido contacto con sus hijas de 14 y 15 años, "adoptadas" por Josef y Rosemarie Fritzl y que no había visto desde que tenían pocos meses. El ritmo de adaptación de los tres encerrados es más pausado debido que "el tiempo transcurría muy lento" en el zulo, y Elisabeth necesita varias siestas para poder sobrellevar el día a día.
Mientras, Kerstin sigue en coma inducido con respiración asistida y en pronóstico reservado, según ha explicado Albert Reiter, jefe del equipo médico del hospital de Amstetten. Kerstin fue hospitalizada en estado crítico el 19 de abril debido a una extraña dolencia, destapando un terrible caso de secuestro y violación que ha conmocionado al mundo.