
«No es que se vaya a caer, pero nos preocupa mucho que la Sagrada Familia quede muy afectada», afirma a EL CORREO el arquitecto director adjunto del templo, Jordi Faulí i Oller. El patronato de la iglesia ha tratado de impedir por todos los medios que el túnel, previsto para 2012, se lleve a cabo. La última actuación de los gestores de la restauración ha sido una reclamación de suspensión cautelar, que el juez no ha aceptado. El Ministerio de Fomento adjudicó las obras el pasado mes de enero a un consorcio constructivo liderado por Sacyr, mientras la pasada semana se iniciaron los sondeos geológicos previos a escasos metros de la Sagrada Familia.
«El túnel pasará por un terreno inestable, de arenas y arcillas, en el que inciden directamente los cimientos de la fachada principal, la de la Gloria, que aún está en construcción», explica Faulí, quien juzga «incomprensible» que el Ministerio de Fomento haya elegido esta opción a pesar de la postura en contra mayoritaria tanto en el Parlament como en el Ayuntamiento de Barcelona, dos instituciones donde sólo el PSC e Iniciativa per Catalunya respaldan el trazado. Fomento, de hecho, ha previsto una medida de protección del templo que, por sí sola, ya indica la inquietud institucional respecto a los posibles efectos del túnel. «Han diseñado una pantalla inmensa, formada por pilotes de hormigón de 42 metros de profundidad, que separará a lo largo de 240 metros los cimientos del templo del túnel. Ya se ve -valora Faulí-, que los propios técnicos del Ministerio aprecian que el peligro es cierto». A pesar de esta medida, los arquitectos del patronato temen que las vibraciones -tanto de las obras como del futuro paso del AVE- y la afección a los cimientos del templo puedan ocasionar grietas en el edificio o provocar desprendimientos en la obra de Gaudí. Adif, la sociedad de Fomento encargada de las infraestructuras ferroviarias, tiene una visión muy diferente. «No le hará ni cosquillas», han asegurado fuentes de la compañía.
Por el litoral
Nadie en Barcelona oculta que los precedentes de El Carmel y de los recientes socavones que retrasaron el AVE y convirtieron en un caos el servicio de Cercanías tienen un formidable peso específico en la desconfianza vecinal hacia cualquier obra pública de envergadura. En el caso del túnel, los vecinos afectados por su trazado se han reunido en una plataforma que reclama un trazado alternativo, alejado del centro de la ciudad. «No estamos en contra de la alta velocidad», indica su portavoz, Pere Vallejo. «Pero no podemos entender que, existiendo alternativas menos agresivas, se escoja la que afecta a un mayor número de personas, más de 17.000 familias».
El colectivo 'AVE pel litoral' reclama precisamente eso, que el tren atraviese Barcelona y enlace Sants con Sagrera a través de vías en desuso y túneles ya construidos en el litoral de la ciudad, donde la densidad de viviendas es menor. Proponen un recorrido ligeramente superior en kilometraje, pero «más barato» y con menor afección. «El AVE es una infraestructura interurbana, no es un metro», agrega. «No tiene ninguna necesidad de cruzar por el centro y poner en peligro miles de viviendas, muchas de ellas centenarias».







