Pero no solo en el ruedo se ha suavizado el espectáculo. También ha cambiado el comportamiento del público, que se ha hecho mas respetable con el transcurso del tiempo. Es cierto que se organizan broncas cuando la lidia da pie para ello, pero toda la violencia del respetable no pasa del simple lanzamiento de almohadillas, sin que tenga que intervenir la fuerza pública.
En cambio, la lectura de reseñas y noticias taurinas de hace más de un siglo da cuenta de escándalos monumentales en los que el público ha llegado en mas de una ocasión a impedir la lidia, lanzando al ruedo nubes de botellas y otros bienes mostrencos y contundentes que obligaban a los diestros a guarecerse en el refugio antiaéreo de la barrera.
De ello puede dar fe aquel gran diestro que se llamó Marcial Lalanda y sobre todo Rafael Molina, el famoso 'Lagartijo', que no pudo terminar su lidia en Bilbao porque el «respetable» (escrito esta vez entre comillas) se lo impedía a botellazos. Aquella corrida se suspendió y el «respetable» sólo se rindió cuando se hizo de noche y cada mochuelo volvió a su olivo. Y como una prueba más de la transformación sedante que ha tenido el publico taurino, voy a ofrecerles esta breve noticia publicada en el verano de 1884:
«Por si habían de ponerse o no banderillas de fuego a uno de los toros lidiados en Alcoy el día 25, la corrida tuvo un fin borrascoso y hubiera podido serlo más a no haber cedido el tumulto ante la fuerza publica con la bayoneta calada, que por orden de la autoridad gubernativa y militar efectuó el despeje».
Afortunadamente, hoy resulta impensable que para poner orden en los tendidos tenga que intervenir hasta el Ejército. Y menos aún con la bayoneta calada.





