
-¿Cuál es su meta ahora?
-Siempre es la misma: tener ingresos estables. (Risas).
-Pero ahora no se puede quejar.
-No, no. Con 47 años, vivo un momento dulce. Aunque he pasado tiempos difíciles, ya lo creo. Piense que tenía 31 años cuando debuté oficialmente en Seattle con 'La Walkiria'. Eso sí: por suerte, tengo hermanos y amigos extraordinarios, gente a la que puedes llamar a las tres de la madrugada y pedir dinero prestado.
-Así que ser 'prima donna' no siempre resulta una bicoca
-Le voy a contar una cosa. Un día, la maquilladora de Bayreuth me confesó que, en 18 años, no se había encontrado con ninguna 'prima donna' que fuera feliz en su vida privada. Es muy complicado, aunque, bueno, a lo mejor tampoco lo serían si trabajaran en una empresa. Nunca se sabe.
-Turandot tampoco se siente satisfecha de buenas a primeras.
-¿Es tremenda! Y se puede interpretar de muchas maneras. Como una mujer muy fría e intelectual; como alguien de gran vulnerabilidad; como una hija con una relación paterno-filial conflictiva En fin, hay para elegir. Aunque, luego, no creo que el público perciba tantos matices con la cantidad de ropaje que llevo encima. (Risas).
-¿Hay algún personaje público que admire especialmente?
-¿Joe Montana! Fue un famoso jugador de fútbol americano; hacía maravillas aunque sufría de una lesión crónica en la espalda. ¿Qué capacidad de superación!








