Sí hago una sencilla reflexión del comportamiento -no siempre justo y correcto- que se tributa a personalidades relevantes e históricas, que tras años de servicio al bien común desaparecen más o menos veladamente y pasan a la otra orilla, sin un reconocimiento ni de su valía ni de sus servicios al frente de los destinos comunes.
No es el caso de recordar nombres de tantos eminentes españoles, incluso de distinta ideología, de quienes, al día de hoy, apenas queda noticia. Se nos da bastante bien eso de borrar nombres de calles, de quitar placas, de ocultar monumentos o de oponer unos nombres a otros, dictando leyes de memoria histórica. Lo pasado, para bien o para mal, no se puede reescribir, pero sí todos podríamos aprender de los aciertos y errores de los otros.
Nada de cicatería. Mejor sería fijarnos en quienes, en el declive de sus vidas, aún están a nuestro lado y son merecedores de toda consideración, mérito y justicia. A todos y sus familias, el mayor respeto, honor y gloria. En vida, españoles, en vida











