
Cuando comunicó su decisión de repetir en la presidencia del partido, Rajoy aseguró que haría públicos los nombres de los integrantes de su candidatura casi el mismo día del cónclave, poco antes de someterse a la votación de compromisarios. Nadie protestó entonces, pero los acontecimientos posteriores -el último, la renuncia de Ángel Acebes a seguir en la secretaría general- pusieron sobre aviso a los dirigentes que temen una 'sorayización' (término acuñado por los detractores de la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría) de la organización si el presidente repite el modelo del Congreso, donde situó en la cúpula del grupo a militantes afines pero inexpertos.
Mientras los históricos del PP, como Mayor Oreja, demandan al líder que aclare su estrategia y pacte con el resto del partido la trayectoria a seguir, la generación intermedia de dirigentes que rondan la cuarentena creen imprescindible saber «cuanto antes» a quiénes unirán su suerte si deciden apoyar a Rajoy. «Es bueno que la gente sepa a qué atenerse», declaró a TVE el portavoz de Exteriores, Gustavo de Arístegui. El diputado popular aseguró que adelantar los nombres de los miembros del equipo del aspirante a la reelección «es bueno para el partido, para el propio Rajoy y para despejar incertidumbres».
El portavoz de Justicia, Ignacio Astarloa, coincidió en este planteamiento aunque con matices. Admitió que el candidato «tiene derecho a ir administrando su tiempo» y recordó que hasta el 20 de junio «hay tiempo más que de sobra para concretar». Astarloa aún no sabe si seguirá como secretario de Justicia y Libertades. Por ello aseguró que es «de los primeros interesados» en que Rajoy despeje las incógnitas. Por su parte, el secretario general del PP de Madrid, Francisco Granados, pidió conocer enseguida quién sustituirá a Acebes, «aunque sólo sea por curiosidad malsana».
Hermetismo
Los dirigentes populares confían en que el líder del partido sea sensible al ruido mediático que refleja sus críticas, quejas y opiniones, puesto que aseguran que Rajoy no les consulta ni comparte con nadie sus planes. Aunque no ha decidido la fecha, ya está claro que el presidente del PP ha abandonado su planteamiento inicial de guardar el secreto sobre sus colaboradores hasta horas antes de la presentación de la candidatura. En una reciente conversación informal con periodistas, comentó que no descarta dar a conocer algunos nombres antes de llegar al cónclave de Valencia. Asimismo, es posible que adelante algunos detalles de sus planes al hilo de la presentación de las ponencias política y de estatutos, prevista para el próximo martes.
Aunque el aislamiento del líder es queja generalizada entre los parlamentarios, algunos dirigentes le han llamado para trasladarle sus opiniones sobre las personas que consideran adecuadas para asumir cargos de responsabilidad en el organigrama conservador. Fuentes parlamentarias aseguran que la mayoría de las voces se inclinan a favor de que el diputado por Valencia Esteban González-Pons se convierta en secretario general y portavoz, con todos los poderes y protagonismo en el partido. Menos consenso concita Jorge Moragas, secretario de Relaciones Internacionales. Su constante cercanía al presidente permite pensar que podría sustituir a Francisco Villar como jefe de gabinete, aunque un rumor que lo sitúa en la secretaría general ha hecho saltar algunas alarmas.
La complicada situación que vive el PP convirtió ayer tarde en un hervidero el Caixa Fórum de Madrid, donde se había anunciado la presencia del ex presidente del Gobierno José María Aznar para clausurar unas jornadas sobre el escritor Josep Pla. La reaparición del actual responsable de la Fundación FAES tras varias semanas alejado de la escena pública española atrajo al recinto a un amplio grupo de cámaras y periodistas. «Me ha llenado de gozo su interés por Pla, y estoy seguro de que mañana llenarán muchas páginas de periódicos con Pla», ironizó el protagonista de la noche.
Aznar ignoró las numerosas preguntas que se le hicieron sobre el difícil momento por el que atraviesa su partido y mantuvo firme su decisión de quedarse al margen del debate interno. «Algunos piensan que soy todavía un dirigente político, a pesar de que no lo soy», alegó el hoy presidente de honor del PP para justificar su silencio. Ahora es, dijo, un «observador».








