
ALGUNOS CONSEJOS
La proliferación de estos productos para -supuestamente- poner coto a la creciente obesidad y sobrepeso de la sociedad española es preocupante. Con el fin de lanzar una voz de alarma, se han programado en Madrid las I Jornadas sobre Dietas y Productos Milagro para debatir los hábitos alimentarios actuales. La convocatoria de este seminario es auspiciada por el COFM junto con las Facultades de Farmacia de las Universidades de Alcalá de Henares, Alfonso X el Sabio y Complutense.
Plan personalizado
Representantes de estas entidades coincidieron ayer en resaltar la práctica inutilidad y el peligro para la salud de las dietas milagro, frente a las que hay que anteponer una educación alimentaria que opte por una dieta equilibrada. Pero, ¿qué se considera una dieta milagro? De manera sencilla, resume García: «Una dieta en la que no comas un poco de todo». Y su efectividad deja mucho que desear, «porque sus riesgos son variados», según el doctor Baltasar Ruiz-Roso, director del Departamento de Nutrición de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid. «La pérdida de peso con estos productos se basa en el efecto de la monotonía en la dieta, en dejar de comer por aburrimiento. Pero estas dietas o bien están disociadas y eliminan alguno de los nutrientes esenciales, o bien tienen un mero efecto placebo».
Así, esta dieta monótona, basada por ejemplo en la exclusión de los hidratos de carbono, «no se mantiene, toda vez que la pérdida de peso es puntual». «Lo cierto -insiste Ruiz-Roso- es que se producen graves desequilibrios nutricionales, porque no son dietas completas y carecen de todos los nutrientes necesarios». La reducción de estos necesarios aportes energéticos puede provocar importantes trastornos de salud, señala el nutricionista, «desde contraer una depresión hasta sufrir patologías más serias por sobrecarga de trabajo del hígado y del corazón». Además de ser ineficaces a corto y medio plazo, estas dietas desequilibradas tienen otras consecuencias en la salud, como los daños renales, enfermedades cardiovasculares, disminución de la masa muscular y efectos psicológicos negativos.
Y es que la dieta ideal y médicamente aceptable debe ser «individualizada y personalizada», subraya Alberto García. «Los pacientes deben dejarse de cantos de sirena y de pensar que se puede adelgazar sin esfuerzo, porque con estos productos lo que se genera al final es terminar engordando más». «La dieta debe estar ajustada a los hábitos alimentarios de cada persona y el tratamiento correcto, si se trata de sobrepeso, debe proceder de un farmacéutico o un diplomado en nutrición; si es obesidad, debe combatirse bajo control médico. Pero en ningún caso el tratamiento se puede extrapolar a otras personas», indica el doctor Ruiz-Roso.
Según el Centro de Información del Medicamento del COFM, mayo es el mes donde se registra el mayor número de consultas sobre productos milagro en las oficinas de farmacia debido, sobre todo, a la llegada del verano y la denominada 'operación bikini'. Los jóvenes y las mujeres a partir de 50 años son los perfiles que más suelen utilizar las denominadas dietas milagro. Se calcula que cada año se gastan en España 2.000 millones de euros en productos de este tipo, una media de 60 euros por español. El auge de estos productos 'milagrosos' está emparentado, sin duda, con la alarmante tasa de obesidad registrada en España, que se ha duplicado entre 1987 y 2006.
Alimentos vegetales
Según el doctor Ruiz-Roso, la obesidad es «prácticamente una epidemia mundial». Entre los adultos, afecta en España a un 15% de la población, mientras que otro 40% tiene sobrepeso. Y entre la población infantil, de dos a 16 años, afecta a un 16%, un índice que nos coloca a la cabeza de la UE. Lo idóneo para atajar tanto la obesidad como el sobrepeso pasa por mantener una dieta equilibrada y una correcta actividad física. Para el doctor Fernando de Jesús, decano de la Facultad de Farmacia de la Universidad Alfonso X el Sabio, si hubiese que elegir algún tipo de alimentos por su eficacia en la prevención de enfermedades, los más adecuados serían los vegetales. «Son alimentos bajos desde el punto de vista energético y además su alto consumo se ha relacionado con una disminución del riesgo de padecer diversas patologías, como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares o algún tipo de cáncer», destaca.
La doctora María Guinea, vicedecana de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Alcalá, recuerda que, más allá de los productos milagro, existe una farmacología específica para tratar la obesidad. En concreto, hay dos productos comercializados y un tercero que lo será próximamente. De los dos ya a la venta, uno afecta a nivel cerebral, de manera que inhibe los neurotransmisores y da la sensación de saciedad, reduciendo el apetito. En éste, como en cualquier otro caso, «la pérdida de peso debe ir acompañada de medidas higiénico-sanitarias», como por ejemplo, luchar contra el sedentarismo. El segundo fármaco inhibe la absorción de grasa, impide que los lípidos se absorban y permite eliminarlos por las heces.
El tercero, ya aprobado, y que será comercializado en breve, tiene el efecto de reducir el apetito. «A la larga, habrá muchos más tratamientos», confía la doctora Guinea, no sin reflexionar que si no existen más fármacos en la actualidad es porque a la obesidad se la considera «una enfermedad reciente». En su opinión, es claro que «la farmacología y las dietas milagro no son compatibles. Las dietas milagro no tienen ninguna base científica y pueden desencadenar graves problemas de salud», insiste.







