
Saltarse las normas, sin interrogatorios, es lo que practican algunos de ellos, un poco en la línea de títulos al estilo de 'Los nuevos centuriones' (Richard Fleischer, 1972) o 'La patrulla de los inmorales' (Robert Aldrich, 1977), con lo cual se refuerza la vertiente crítica o de denuncia de este filme aceptable. Al tiempo, la ciudad escupe fuego en una violenta descripción de situaciones límite, donde grupos de pandilleros también ocupan un lugar preferente en este mundo sin piedad.
Sin ser nada del otro jueves, se sigue con interés de principio a fin este retrato de la jungla de asfalto, en una película que no es para juzgarla desde el punto de vista del discurso. Si lo hiciéramos, tendríamos que decir que el guión tiene lagunas enormes y que los aspectos éticos dejan mucho que desear; lo mismo que la falta de garra del inexpresivo Keanu Reeves. Lo que cuenta aquí es la sombría manera de narrar los duelos policiales, los fulgurantes cruces de disparos y el juego sucio que se desarrolla ante nuestros ojos, suficiente para guardar este 'thriller' en algún rincón de la memoria.







