
Este tándem de lujo lleva más de 35 años volcado en las artes escénicas y el cine: los dos se desenvuelven con la misma naturalidad en ballet, ópera, teatro o películas como 'Cyrano de Bergerac', que en 1991 le valió un Oscar a Franca Squarciapino. Allí donde van marcan la diferencia; el estilo ampuloso y galante de Frigerio, siempre en busca de grandes espacios, y el detallismo colorista de su mujer hacen de cada espectáculo un homenaje a la tradición escénica italiana.
Frigerio se curtió como figurinista y escenógrafo en el Piccolo Teatro de Milán, donde colaboró estrechamente con Giorgio Strehler hasta 1959. A partir de entonces voló por libre y así tropezó con un peso pesado de la gran pantalla, Vittorio de Sica, con quien enseguida entabló una calurosa relación de amistad y trabajo. Su carrera cinematográfica arranca con títulos como 'Los secuestradores de Altona' y 'Ayer, hoy y mañana' que, más tarde, darán paso a una larga lista de películas bajo la dirección de Franco Rossi, Volker Schlöndorff, Bernardo Bertolucci, Jean-Paul Rappeneau...
Su formación como arquitecto -carrera que no llegó a terminar-, su dilatado periplo como grumete en un mercante y las aventuras en los puertos africanos le dotan de una inventiva y audacia poco habituales; Frigerio tiene perfil de caballero renacentista y alma de corsario. Una combinación ideal para lanzarse al abordaje de cualquier obra, sin más armas que la fantasía y la devoción por la simetría de los palacios de Andrea Palladio.
En 'Turandot', no habrá columna, masa coral o lanza que no guarde un equilibrio irreprochable, como si las hubieran colocado con escuadra y cartabón. Orden y concierto es la consigna de Frigerio; de esa manera arrasa en los auditorios y se ha ganado el reconocimiento institucional. Entre sus numerosos premios, destacan la condecoración de Oficial de las Artes y las Letras, otorgada por el gobierno galo, y la Legión de Honor que concede el presidente de la República italiana.
Un pasado como actriz
En la dura batalla por mantenerse en lo más alto, Frigerio no se encuentra solo: desde 1972, cuenta con el apoyo de la figurinista Franca Squarciapino, otro talento incombustible que empezó derecho y acabó estudiando ballet y arte dramático. Se conocieron cuando ella protagonizaba en Nápoles 'El sí de las niñas', de Moratín; el teatro los unió y de ahí no han salido.
Aunque, eso sí, Squarciapino no tardó en descubrir que prefería dar rienda suelta a su creatividad con un lápiz en la mano. La timidez la atenazada sobre las tablas pero a la hora de dibujar figurines se desataba; una manera de hacer honor a su apellido siciliano que significa algo así como 'pino espachurrado por un rayo'. A Squarciapino le gusta deslumbrar y punto.
Es puro nervio, le encanta el cine (obtuvo un Goya en 1997 por 'La camarera del Titanic', de Bigas Luna) y nunca da puntada sin hilo. Por eso abundan en 'Turandot' los brocados de seda, recamados de pedrería y tocados con filigranas de cristal, todo ello en el marco imponente que ha concebido Frigerio para el drama. Tal para cual.








