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Una ópera de alta costura
El 'Turandot' de la ABAO cuenta con la escenografía de Ezio Frigerio y el vestuario de la oscarizada Franca Squarciapino, un matrimonio premiado en el cine y la escena

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Una ópera de alta costura
GLAMOUR A LA ITALIANA. Ensayo general, con el vestuario de Franca Squarciapino. / MITXEL ATRIO
Espectacular, suntuosa y brillante, como una superproducción hollywoodiense. Pero siempre elegante y fiel al sentido de la ópera: en el montaje de 'Turandot' que se presenta este sábado en el Euskalduna no se verán ni naves especiales ni monstruos extraterrestres. La China imperial y legendaria que recrea Puccini lucirá soberbia, con ese toque tan característico del matrimonio formado por Ezio Frigerio (Como, 1930) y Franca Squarciapino (Roma, 1940). Él, escenógrafo, y ella, responsable del vestuario. En el ensayo general de ayer quedó claro por qué se los rifan en medio mundo.

Este tándem de lujo lleva más de 35 años volcado en las artes escénicas y el cine: los dos se desenvuelven con la misma naturalidad en ballet, ópera, teatro o películas como 'Cyrano de Bergerac', que en 1991 le valió un Oscar a Franca Squarciapino. Allí donde van marcan la diferencia; el estilo ampuloso y galante de Frigerio, siempre en busca de grandes espacios, y el detallismo colorista de su mujer hacen de cada espectáculo un homenaje a la tradición escénica italiana.

Frigerio se curtió como figurinista y escenógrafo en el Piccolo Teatro de Milán, donde colaboró estrechamente con Giorgio Strehler hasta 1959. A partir de entonces voló por libre y así tropezó con un peso pesado de la gran pantalla, Vittorio de Sica, con quien enseguida entabló una calurosa relación de amistad y trabajo. Su carrera cinematográfica arranca con títulos como 'Los secuestradores de Altona' y 'Ayer, hoy y mañana' que, más tarde, darán paso a una larga lista de películas bajo la dirección de Franco Rossi, Volker Schlöndorff, Bernardo Bertolucci, Jean-Paul Rappeneau...

Su formación como arquitecto -carrera que no llegó a terminar-, su dilatado periplo como grumete en un mercante y las aventuras en los puertos africanos le dotan de una inventiva y audacia poco habituales; Frigerio tiene perfil de caballero renacentista y alma de corsario. Una combinación ideal para lanzarse al abordaje de cualquier obra, sin más armas que la fantasía y la devoción por la simetría de los palacios de Andrea Palladio.

En 'Turandot', no habrá columna, masa coral o lanza que no guarde un equilibrio irreprochable, como si las hubieran colocado con escuadra y cartabón. Orden y concierto es la consigna de Frigerio; de esa manera arrasa en los auditorios y se ha ganado el reconocimiento institucional. Entre sus numerosos premios, destacan la condecoración de Oficial de las Artes y las Letras, otorgada por el gobierno galo, y la Legión de Honor que concede el presidente de la República italiana.

Un pasado como actriz

En la dura batalla por mantenerse en lo más alto, Frigerio no se encuentra solo: desde 1972, cuenta con el apoyo de la figurinista Franca Squarciapino, otro talento incombustible que empezó derecho y acabó estudiando ballet y arte dramático. Se conocieron cuando ella protagonizaba en Nápoles 'El sí de las niñas', de Moratín; el teatro los unió y de ahí no han salido.

Aunque, eso sí, Squarciapino no tardó en descubrir que prefería dar rienda suelta a su creatividad con un lápiz en la mano. La timidez la atenazada sobre las tablas pero a la hora de dibujar figurines se desataba; una manera de hacer honor a su apellido siciliano que significa algo así como 'pino espachurrado por un rayo'. A Squarciapino le gusta deslumbrar y punto.

Es puro nervio, le encanta el cine (obtuvo un Goya en 1997 por 'La camarera del Titanic', de Bigas Luna) y nunca da puntada sin hilo. Por eso abundan en 'Turandot' los brocados de seda, recamados de pedrería y tocados con filigranas de cristal, todo ello en el marco imponente que ha concebido Frigerio para el drama. Tal para cual.
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