
Sin mostrar ninguna señal de arrepentimiento por el crimen cometido y sin mencionar tampoco una sola palabra sobre el martirio de sus hijos nacidos en cautiverio, Fritzl se defiende con un argumento patético: «Podría haberles matado a todos, entonces no hubiese pasado nada. Nadie me habría descubierto», escribe en la nota que su letrado envió al periódico austriaco 'Österreich' y que fue reproducido también por el 'Bild' en Alemania.
Fritzl asimismo recuerda que su hija Kerstin, de 19 años, aún está con vida gracias a él. «Yo me preocupé para llevarla al hospital», dice. De hecho, esa decisión condujo a la Policía a descubrir el peor caso de incesto y abuso sexual que recuerda la historia criminal austriaca. Kerstin nació en el calabazo construido por Fritzl en el sótano de su casa y, después de mantenerla encerrada durante 19 años la sacó, casi moribunda, para llevarla al hospital de Amstetten. Una llamada telefónica anónima alertó a las fuerzas de seguridad, que detuvieron a Fritzl en las inmediaciones del centro sanitario el 27 de abril.
Al día siguiente, el 'monstruo de Amstetten' confesó, en forma parcial, los crímenes cometidos y desde entonces guardó silencio hasta ayer, cuando accedió a revelar detalles personales ante la fiscal Christiane Burkheiser, que lo interrogó durante una hora y media en las dependencias de la cárcel de St. Pölten. «Se mostró dispuesto a cooperar y prometió referirse a los hechos que se le imputan», dijo el portavoz de la Fiscalía, Gerhard Sedlacek.
Desde su primera confesión, Fritzl decidió, aconsejado por su abogado, Rudolf Mayer, guardar silencio. El letrado ya anunció que pedirá que a su cliente se le considere «irresponsable penalmente» a causa de sus problemas psiquiátricos. Si la justicia decide que Fritzl es responsable de sus actos puede ser condenado a cadena perpetua, si se demuestra que el fallecimiento de uno de sus siete hijos nacidos en cautiverio se debió a un homicidio por negligencia. En caso contrario, se enfrentaría a una pena de quince años de cárcel por violación o diez años por secuestro, unas condenas que no son acumulativas.







