Para salir del infierno hace falta la magia o la fe. Por eso, concedo escaso crédito a los que hablan de experiencia y entiendo que hasta el currela olvide y apueste por la prestidigitación. No parece que hayan hecho mella en Carolina e Indiana las palabras de Obama relativas a las debilidades del pobre por las armas y las feas. En comunicación, siempre defendí la proclividad del miserable a abandonar el gueto. Es el más necesitado de cuentos y princesas. Al final, son los pobres los que se alimentan del 'Hola', aunque la compren los ricos. No por nada, tal vez por la misma razón que sitúa a los países subdesarrollados en los niveles más altos de procreación. Sencillamente porque el amor y la imaginación son gratis. También porque los pobres tampoco tienen gran cosa que conservar.
Estos resultados servirán para comprender mejor cómo el alma del que nada tiene se impone a su color. Aunque no creo yo que ni la una ni el otro vayan a lograr redimir sus miserias sólo por la conquista de los sueños. La belleza es que la misma sociedad que votó por Bush lo haga ahora por un negro ilusionista. La grandeza, que su desencanto la incline por el máximo riesgo, un joven senador de Illinois cuya decisión de mayor responsabilidad ha sido presentarse a estas elecciones con un discurso más cautivador que persuasivo. Pero allí al que va delante se le sigue, no se le persigue.
Ahora los gafes dicen que no es lo mismo prometer que dar trigo y que Europa ha puesto demasiadas ilusiones en Obama para no sentirse defraudada en el caso, más que hipotético, de que alcance el poder. Pero ¿no ha defraudado Bush y a pesar de ello fue reelegido? Y es que, en el fondo, a todos nos gusta más la idea de morir en la cama que en Irak. Soñando, en definitiva.







