Ni siquiera la denominada 'vía Ollora' ofreció al PNV un proyecto político propio. Tampoco las distintas resoluciones adoptadas por su asamblea nacional. Hubo que esperar a la redacción del 'plan Ibarretxe' para que los jeltzales se encontraran con lo que nunca antes habían tenido: un programa estratégico diseñado para moldear el futuro político e institucional vasco de forma que su resultado sólo pudiera ser gobernado por nacionalistas. La frustración tras el fracaso de Lizarra había encontrado en Ibarretxe al escriba capaz de devolver el orgullo a su partido mediante un recurso hasta entonces poco menos que denostado entre los jeltzales, redactando.
Pero la ruptura con su tradición ágrafa ha conducido al PNV a un embrollo del que le resultará difícil librarse; entre otras causas porque nadie parece muy dispuesto a echarle una mano para ello. El plan escrito por Ibarretxe, el nuevo estatuto político, fue votado en el Parlamento vasco y desechado por el Congreso de los Diputados. Pero tras un elocuente silencio al respecto, Ibarretxe editó el pasado septiembre una segunda versión con los tiempos del soberanismo tasados.
Ahora ha debido de enviar al presidente Zapatero una tercera variante cuyo contenido podría revelársenos en cualquier momento. Pero escribir en clave soberanista estrecha tanto el ángulo que describe el péndulo patriótico, y sobre todo lo escora de manera tan expresa hacia el extremo radical de su vaivén, que compromete en exceso la estrategia de un partido cuyos triunfos se han beneficiado de un mayor margen de maniobra.
Tanto que en las últimas semanas las manifestaciones públicas de los jeltzales parecen haber prescindido del movimiento pendular para describir otro por el que su postura política aparenta dilatarse unas veces para contraerse acto seguido. Abrirse y cerrarse a lo largo de una misma comparecencia pública.
En una reacción frecuente en política ante los reveses o las dificultades, algunos dirigentes del PNV han preferido suponer que sus intenciones precisan de una mejor comunicación. Pero hay razones para pensar que lo que les ocurre es que no saben exactamente lo que quieren -aparte de su continuidad en el poder- y mucho menos cómo lograrlo.
k.aulestia@diario-elcorreo.com







