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Sociedad

SAVE THE CHILDREN
Un mal mundo al que venir
Casi diez millones de niños mueren cada año, según un informe de Save the Children Otros doscientos millones carecen de asistencia sanitaria básica

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Un mal mundo al que venir
RIESGO. Una mujer haitiana sufre contracciones en un hospital maternal de Puerto Príncipe. / EFE
Más de doscientos millones de niños menores de cinco años no reciben la atención medical esencial que precisan. Según el informe Estado Mundial de las Madres 2008, presentado ayer a los medios, esta situación de desprotección genera la muerte anual de 9,7 millones de pequeños, víctimas de enfermedades fácilmente prevenibles o tratables, como la diarrea o la neumonía. Dos millones de recién nacidos dejan este mundo sin superar siquiera su primer día de vida. El análisis, elaborado por la ONG internacional Save The Children, denuncia la escasa reducción de las tasas de defunción en los países más pobres del planeta e, incluso, su empeoramiento.

Los cuidados prenatales, la asistencia cualificada durante el parto y las vacunaciones son poco frecuentes en 30 de los 55 países en vías de desarrollo objeto de estudio, lugares donde más de la mitad de la infancia vive en situación de total desprotección.

En términos generales, un niño que tiene la mala suerte de nacer en la quinta parte más mísera de la población mundial tiene el doble de posibilidades de morir que otro insertado en el 20% más acomodado. La situación de desigualdad también muestra diferencias abismales dentro de un mismo país. En Filipinas, el 92% de los hijos de familias acomodadas reciben atención especializada, mientras que entre los más humildes tan sólo una cuarta parte cuenta con la misma prestación.

Un medio hostil

La financiación destinada a la sanidad tampoco coincide con las necesidades reales. Según señala el dossier, el mayor gasto se concentra en el primer mundo, a pesar de que las necesidades más acuciantes las padecen los habitantes del Sur. Además de no recibir cobertura sanitaria, las madres de los entornos rurales, pobres y con una educación muy precaria, no disponen de preparación para detectar las señales de peligro que evidencian la enfermedad de sus hijos.

El medio implica también graves consecuencias para la calidad y horizonte de vida del menor. La falta de higiene, el abastecimiento en aguas contaminadas, la polución ambiental y la infravivienda se relacionan con el bajo peso al nacer, la desnutrición y la posibilidad de contraer enfermedades crónicas comunes o infecciosas que ponen en grave riesgo su existencia. Las zonas remotas y mal comunicadas también carecen de infraestructuras y servicios adecuados y, en algunos casos, existen grupos étnicos y minorías marginadas en su acceso a la salud o la educación.

Las estrategias para reducir esa brecha exigen inversiones no demasiado elevadas. Con muy poco se podría salvar la vida de 3,9 millones de niños y un programa de atención básica permitiría la supervivencia de 6,1 millones. Muchas de las causas de la morbilidad no requieren la hospitalización, ni siquiera la atención médica, y podrían solucionarse con la formación, el equipamiento y el despliegue de trabajadores sanitarios que desarrollaran un servicio primario para sus propias comunidades.

El peligro de ser niña

Habitualmente, las niñas disfrutan de tasas de supervivencia ligeramente superiores a las de los varones. Sin embargo, en India y China, los dos países más poblados, la discriminación sexual está provocando un abismo entre sus esperanzas de vida. En el subcontinente, las niñas tienen un 61% de probabilidades de fallecer ante de cumplir su quinto aniversario, lo que supone la muerte de ocho muchachas por cada cinco chicos, y en la gran potencia oriental las pequeñas sufren un 30% más de posibilidades de no superar los cinco años.

Esta discriminación puede acompañarse de medidas violentas como los abortos selectivos o el infanticidio femenino. Cada año se practican medio millón de interrupciones del embarazo tras conocerse el sexo del feto en India, lo que supone la pérdida de 10 millones de niñas. Se calcula que en China entre 35 y 41 millones han corrido la misma suerte.
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