
Llorente se encuentra en el camino que siempre ha soñado con recorrer, el de ser un nueve de referencia en el fútbol. Hay que preguntarse por las causas de la explosión. El riojano muestra una sonrisa y comienza a reflexionar para EL CORREO sobre los motivos del cambio. Está convencido de que se trata de una combinación de madurez, pérdida de peso, confianza del entrenador y aprender de los malos momentos.
Llorente, de 1,95 metros de estatura, se presentó en la pretemporada con 94 kilos. Eran los tiempos en los que había empeño en convertirle en un 'panzer' a lo Ismael Urzaiz. Hoy pesa siete menos. «Cuando arrancó la campaña ya había bajado y me coloqué en 91. Pero he cuidado detalles como la alimentación. Ahora peso 87, cuatro menos. Me veo mucho mejor cuanto más fino estoy. De hecho, mi mejor rendimiento ha llegado con menos peso. Cuando pesaba 91 kilos tenía más músculo, pero para mí lo más importante es tener más velocidad».
Llorente percibe que vive el momento de su plenitud física. «Me siento muy bien y eso es muy importante a la hora de estar más poderoso a la hora de dominar y moverme en el área. En vacaciones, como es normal, ganaré algún kilito, pero mi idea es mantenerme con lo que peso ahora».
Hay más factores que explican su explosión como goleador. «He mejorado a la hora de vivir en el área y para el gol». No hay más que ver lo que sucedió en Murcia para constatar que tiene razón. «En el primer gol, Aduriz me prolonga un balón y veo que tengo que meter la pierna como puedo. La toco con la puntera y vale. En el segundo, me elevé con fuerza. Carini la paró, aunque creo que iba a gol. De todas formas, Gabilondo la remachó e hizo bien porque en un momento así no se puede dudar».
No es sólo lo que manda en el área rival, en donde últimamente parece tener un imán para los balones e incluso toca más pelotas por arriba que Urzaiz. En su propio área se ha convertido en una pieza fundamental cuando hay que defender. «Amorebieta y yo, que somos los más altos, nos ponemos en la posición de libres y dominamos bien porque nos entendemos».
Atrás quedan los momentos de dudas, con el amistoso ante el Milan a principios de octubre como día en el que tocó fondo. Aquella noche fue silbado en San Mamés. ¿Cómo lo recuerda? «Ah, ¿pero fue en esta temporada?», dice con un guiño de malicia. Pero no se toma a la ligera episodios como aquellos. «Eso ya está olvidado. Todo eso me ha hecho más fuerte. Los malos momentos nunca suceden en vano. A mí me han hecho más fuerte».
El recuerdo de Clemente
Caparrós aparece también como una figura clave. «La confianza que me ha dado es fundamental. Ahora juego más tranquilo». No como en los tiempos de Clemente. El miércoles se lució ante el entrenador de peor recuerdo para él. El baracaldés se refería al atacante en público como 'Fernandito', 'el niño' o lanzaba «es la mitad que Urzaiz». No fue un estimulante para su rendimiento. Le inhibió.
Llorente esquivó saltar una hora antes del partido al campo de La Condomina para no cruzarse con su ex-entrenador. Ayer reveló a este periódico que el saludo se produjo en privado. «Me vio en el túnel de vestuarios, se acercó y nos saludamos. Sin más».
Clemente está reescribiendo lo que sucedió entre los dos al insistir en que sólo buscaba motivarle. Llorente no quiere replicar. «No entro en la cosas de Clemente. Me dedico sin más a demostrar cada día lo que llevo dentro. Donde tengo que hablar es en el campo. Es una etapa pasada. Ni yo debo hablar de él, ni él debería hablar de mí», dice.
En los momentos de incertidumbre, barajó incluso la posibilidad de irse. «En las últimas campañas lo pasé muy mal. Valoré la opción de irme porque si aquí no te dan la oportunidad por la que tanto he luchado, lo normal es buscarla fuera. Ahora no quiero irme. Paso el mejor momento personal y colectivo, porque este equipo puede aspirar a UEFA la próxima temporada. De vez en cuando llegan rumores, pero me mantengo muy al margen porque quiero triunfar en el Athletic».





