En principio fue al resguardo, en el Salón de Plenos donde el presidente de la Cofradía, José Ramón Urbina, impuso este elemento fundamental del uniforme del blusa al alcalde. Después se produjo la situación recíproca, y dos integrantes de la Junta directiva colocaron los pañuelos personalizados a todos los ediles de la Corporación municipal.
Antes, eso sí, los sanjuaneros mayores, Miriam y Ernesto, y los chiquis, Paula y Diego recibieron también el suyo.
Preparados pues para la fiesta, y después de esbozar la primera sonrisa con la lectura del pregón, lo que quedaba era que toda la comitiva sanjuanera iniciara el tradicional paseillo y llegara hasta el puente para presenciar otro de los rituales, hacer partícipes de la Fiesta a los leones. Este año tocaba mojarse y quienes lo hicieron de lo lindo fueron los seis bomberos encargados de la tarea.
Ya sólo quedaba que las estatuas de los sanjuaneros recibiera el distintivo festivo. Se lo pusieron los representantes de las cuadrillas La Pajilla-Gurrutxurtus y el Expolio.





