La idea de celebrar el 63º aniversario de la Victoria sobre la Alemania nazi, una fecha que no es redonda ni dice nada, con material pesado y armas nucleares partió de Putin, un nostálgico declarado del antiguo poderío soviético. Sigue aún sintiendo orgullo de sus años como espía en la desaparecida República Democrática Alemana.
El abandono del Tratado de Defensa Antimisiles (ABM) por parte de Estados Unidos, los planes de instalar su escudo antimisiles en la República Checa y en Polonia, el despliegue de bases americanas en Bulgaria y Rumanía, y el supuesto incumplimiento de los países de la OTAN del Tratado de Fuerzas Convencionales en Europa son, según nuevo primer ministro ruso, las causas que justifican el belicismo de Moscú y el empeño por modernizar sus arsenales, en especial los cohetes portadores de cabezas atómicas.







