
En su última edición, la revista publica la instantánea de la boda, que se celebró el pasado 2 de febrero en el Palacio del Elíseo; una imagen de nitidez limitada, tomada por la que fuera la niñera de Carla Bruni Sarkozy, Fernanda da Silva. En el centro están los dos contrayentes con la vista puesta en sus respectivas manos con las alianzas de matrimonio, mientras los observa desde el otro lado de una mesa con un centro de flores el alcalde que los casó. También se puede ver a otras personas que asistían a la ceremonia.
En el reportaje, la esposa del jefe del Estado francés cuenta cómo se conocieron ambos el pasado 13 de noviembre en una cena organizada por un amigo común, el publicista Jacques Séguéla, en su casa.
«Por primera vez en mi vida, tuve un flechazo», asegura la antigua modelo, que recuerda que todo ocurrió en un contexto social particularmente revuelto en Francia, ya que esos días había huelgas en los transportes públicos contra la reforma de los regímenes especiales de pensiones promovida por su actual marido.
Planeta Buckingham
La ex modelo y cantante reconoce que la presión que tiene ahora es mucho mayor que la que sentía cuando desfilaba en las pasarelas: «El impacto de cada uno de mis gestos se ha quintuplicado, o incluso se ha centuplicado», lamenta. «Cuando desfilaba podía rascarme la oreja un momento. Ahora ya no».
De hecho, señala que no estaba preparada para la política, un mundo muy lejano del suyo hasta el momento en que dio el 'sí quiero': «Es como si llegas a una orquesta, te dan una flauta y de un día para otro te piden que toques a Stravinsky», compara. «¿Se dan cuenta de lo que es tratar de no decepcionar a las francesas, que son las mujeres más elegantes del mundo? No es fácil con un país tan exigente».
La artista, de origen italiano, indica que la visita oficial que hizo con su marido a Inglaterra en marzo, y en particular al Palacio de Buckingham, supuso para ella «un temor terrible y una aventura increíble». «Era llegar a otro planeta. ¿Dios mío!», exclama. Y cuenta que la reina Isabel les hizo visitar los apartamentos en los que se alojaron en Windsor, incluido el baño.
Carla Bruni indica que no tiene problemas para guardar la línea porque no es muy golosa y además, asegura, «estoy en una posición privilegiada que me permite comer de forma sana. Algo que no le ocurre a mucha gente, y lo lamento».
«Carla no me cambió»
Nicolas Sarkozy, por su parte, se esfuerza en acallar a los que le auguraban desastres por su enlace con Bruni: «Algunos predecían que Carla iba a destruirme. No lo hizo. Tampoco me cambió completamente».
En unas breves declaraciones, Sarkozy no ahorra elogios a su mujer. Así, sostiene que «si Carla se convirtió en una de las grandes modelos del mundo no es sólo porque sea guapa. Es muy inteligente. Es una persona cerebral que piensa y trabaja todos los detalles».







