
Ayer, los padres de Jon, representantes de Educación y personal del colegio celebraron una reunión que se tradujo en un acuerdo para que se desarrollen las obras. «Hemos hecho mucho ruido y al final ha servido para algo. Aún no me lo creo», acertaba a decir el padre, Santiago Domínguez, quien se felicitó porque la consejería haya reconsiderado su caso y haya dado el visto bueno a los trabajos: una rampa de acceso al edificio y barras en el baño.
«Caso excepcional»
Fuentes del Gobierno vasco consultadas sobre este cambio de opinión -hace dos días calificaban de «absurdo» hacer obras cuando en dos años se levantará en Etxebarri un nuevo colegio- reconocieron que el de Jon «es un caso excepcional» y que han actuado como tal. Aseguraron que harán las modificaciones necesarias para que el edificio sea accesible para el chaval. El colegio, por su parte, se ha comprometido a ubicar su clase, la de cuarto de Primaria, en un bajo para evitar las escaleras. Queda pendiente si Jon podrá asistir a clases de informática, que se imparten en una planta superior.
«Se garantizará al máximo que esté en buenas condiciones y en septiembre revisaremos que se ha dotado al edificio de estos recursos», señalaron desde Educación. Estas mismas fuentes advirtieron de que una situación como la de Jon «no se puede hacer extensible a todos y hacer una excepción de cada caso». Sobre esta situación en concreto, y cuestionados sobre los motivos de este repentino cambio de opinión, -hasta ayer no se autorizó la matrícula- dijeron que la reunión con el colegio y los padres «estaba ya prevista». Desde el centro declinaron hacer valoraciones aunque confirmaron que Jon tiene plaza y mostraron su «alegría» por la familia. Con el pupitre asegurado, sólo resta organizar la mudanza a Etxebarri, «un municipio con menos cuestas que Basauri donde Jon podrá ser más autónomo», aseveran sus padres.





