
Situaciones calcadas de dichos títulos, personajes sin el menor atisbo de malicia, donde lo 'sexy' brilla por su ausencia, y una realización plagada de tópicos dan al traste con esta descafeinada cinta comercialoide, que no añade ningún laurel al historial de cuantos intervienen en ella, empantanados en un jabonoso enredo, para más 'inri' pasado de moda. También intenta ser provocativo en algún momento, sobre todo en las relaciones de Meg Ryan con su hijo, supuestamente pensadas para lucimiento de la actriz, pero que carecen por completo del más mínimo ingenio.
Tontamente iconoclasta, 'Mi novio es un ladrón' se presenta como una malévola parodia sobre las relaciones afectivas de muchos hombres y mujeres. Sin embargo, los preceptivos rifirrafes sentimentales, la incruenta guerra de sexos resultan empalagosos cuando no cansinos, quieren ser graciosos y resultan bastante cargantes. En fin, no vamos a pedir todos los días joyas al estilo de las realizadas en su momento por geniales comediantes como George Cukor, Billy Wilder o Luis G. Berlanga, pero sí unos personajes chispeantes, dotados de sana frivolidad, al servicio de una distendida concepción de la vida y de las relaciones humanas.







