La fiesta fue total. Un prodigio de confianza. Los jugadores, en sí mismos. El público, en ellos. Las instituciones, en algo que hace apartar la mirada de temas más nocivos o menos idílicos. En un partido jugado de poder a poder, iniciado con un mano a mano anotador entre Huertas e Ilyasova, el iurbentia puso en marcha su máquina de la felicidad. No parecía, cierto, el choque esperado al enfrentar a las dos mejores defensas de la ACB. Pasmosa facilidad anotadora en ambos aros. ¿Sinónimo de un duelos sin ataduras? Más bien, analizado con frialdad, pudo deberse a la calidad atesorada en las dos plantillas.
Mientras el pulso mantenía la cuerda al límite de su resistencia, pero sin moverse de su sitio, entre muchos de los 12.000 aficionados presentes en Ansio circulaban comentarios de ida y vuelta. No se referían a lo que estaban viendo, sino a lo que imaginaban. Los hombres de negro cotizan en bolsa en un parqué de valores estables, al alza, lo que no ocurre en todas partes. «Oye, que ahora bajaría el Menorca», se oye en un sector y la noticia corre como la pólvora. «Creo que el Granada es equipo de LEB», suena más tarde. Al final le tocó al Grupo Capitol. Un clásico que cae al precipicio. Aunque no sea la guerra de los vizacáinos, es algo que siempre se debe recordar y valorar. Los 'dementes' de corazón respiraron aliviados por la permanencia del Estudiantes.
De vuelta a la pista del Bizkaia Arena, la realidad no variaba. Tuya-mía, sin que el Barcelona pudiera imponer la lógica, su contundente abanico de recursos más allá de lo que descuidaba el iurbentia. La defensa, como concepto, comenzó a desnivelar la balanza. Sin Pasalic, lesionado, con Weis aún renqueante en efectividad e Ilic con una taza de acierto y otra de despistes, el dominio en la pintura era evidente, pero ficticio. Simplemente, el Barça rentabilizaba la única merma visible entre los de Vidorreta. El resto, por mucho que se empeñaran Ilyasona y Neal, cayó del bando vizcaíno.
¿Qué bien suena esta orquesta!, fue la moraleja con que la felicísima parroquia vizcaína se fue a sus casas... o a zambullirse en la noche. Con muchas mentes puestas en que el milagro es posible. Lo mismo que lo fue la clasificación para la Copa del Rey y la inclusión en el ochote de machotes con derecho a litigar por el título de liga. Ganar ayer, otra vez, a los barcelonistas supone un serio aviso. Lo tratará de manejar de aquí al viernes -jugará entonces el primer partido de la serie en el Palau y el segundo el domingo en La CAsilla- el Bilbao Basket en su favor, recordando a cada paso y en cada foro que los culés son una de sus especialidades. Y tratará de desmitificarlo el conjunto de Xavi Pascual repasando su historial y dándose vueltas y más vueltas, físicas y mentales, por las vitrinas del club.
Pero eso será la próxima semana. Ahora toca disfrutar, experimentar el placer que se desprende de una 'chavalería' infatigable. Sí, la de las gradas también lo es. Pero la referencia es al grupo de Txus Vidorreta. Genial idea, nunca otra fue mejor parida, que la de traspasar unas barreras que no existen para jugadores y público fundirse en mitad de las gradas, de donde procede el calor y la fortaleza, donde todo comenzó.
¿Pero qué bien suena! Sea cual sea la pieza interpretada, da gusto escuchar. Desde a Huertas con sus solos de mejor base de la ACB al conjunto, reconocido por las matemáticas como mejor defensa de la liga. Y habrá más. En el DVD pone, 'contenido extra'.









