La madre de Enaitz se rebelaba una y otra vez contra la desilusionante noticia que acababa de recibir en sus oídos como «un chorro de agua fría». Rosa se aferrada a los datos de la Unidad de Reconstrucción de Accidentes de la Guardia Civil de Tráfico en los que se demostraba que el informe pericial elaborado por el instituto armado en 2004 se equivocaba en la velocidad, el ángulo del impacto y la tasa de alcoholemia de Tomás Delgado. La madre de Enaitz insistía en que la justicia tenía ahora «la oportunidad de enmendar el error, pero no lo ha hecho. Sinceramente, después del gran trabajo realizado por el fiscal y todos los datos que tenemos, parecía imposible que nos lo denegara».
Rosa aseguró ayer que su familia solamente pretendía que se hiciera un «juicio justo», pero «se nos están cerrando todas las puertas», admitía con voz temblorosa ante los últimos acontecimientos. La madre de Enaitz no entiende que la justicia y las leyes sean ajenas al sufrimiento humano, que no tengan en cuenta los sentimientos, ni el sentir popular. En su penosa experiencia, se duele de que la justicia «no vaya pareja con lo que piensa todo el mundo, que no mida el dolor cuando se habla de la vida de una persona».
«Es una injusticia»
Sumida en el desánimo y el desaliento de quien no encuentra respuesta a un sinfín de preguntas, Rosa explota: «¿Es una injusticia tan grande que clama al cielo! ¿Quién defiende a las personas de bien, que no hemos hecho daño a nadie, que vamos con la verdad por delante, que queremos creer en la Justicia?», se preguntaba desesperada. «¿Qué mensaje nos está enviando?».







