
AL DETALLE
Dos meses después, la multinacional Schindler ha concluido un concienzudo informe sobre las posibles causas del accidente. Dos equipos de técnicos suizos desplazados ex profeso desmontaron el ascensor pieza a pieza y realizaron multitud de simulaciones y pruebas para averiguar el origen del «singular» episodio que, pese a tener instalados miles por todo el mundo, nunca antes les había ocurrido.
El propio hospital dispone de 38 ascensores y montacargas, todos ellos de la marca Schindler, controlados de forma continua por dos técnicos de la empresa, que fueron quienes sacaron de la cabina a las mujeres heridas.
Las conclusiones no son demasiado reveladoras, aunque si tranquilizan. Según todos los análisis, los sistemas eléctricos y de seguridad del aparato funcionaron correctamente. El accidente se debió a un «fallo mecánico, cuya maniobra exacta no se ha podido determinar», indica. Al rescatar a las dos pasajeras que resultaron heridas, los responsables de mantenimiento movieron la caja, lo que «eliminó información» sobre lo ocurrido, señala el informe al que ha tenido acceso este periódico. No obstante, un «exceso de engrase en los cables» se baraja como la hipótesis más probable, según explicó Emilio Anero, director de servicios generales del hospital de Cruces.
«Velocidad no excesiva»
Amaia Cabello, de 46 años, y Julia Castro, de 64 años -las peor paradas-, una vecina de ésta y una cuarta mujer se montaron en el ascensor, uno de los cuatro existentes en el hall central para subir a las plantas. Llamaron a los pisos primero y tercero, donde tenían previsto bajarse para visitar a familiares y allegados enfermos. Pero, terminaron en la Unidad de Urgencias. El aparato descendió hasta el sótano como si alguien le hubiera llamado, pero al abrirse las puertas no había nadie.
Entonces, empezó a ascender sin detenerse en ninguna de las plantas. Cargado con 250 kilos, el ascensor pasó por el primer piso a las 4.26 horas sin obedecer a la orden de parada. Y comenzó a vibrar. Según el resultado de los análisis técnicos de Schindler, la velocidad no sobrepasó los 2'96 metros por segundo, pese a la sensación de vértigo que sintieron las ocupantes, y que la media de funcionamiento normal es de 2,66 metros por segundo.
El vaivén que describen las víctimas responde, según los técnicos, a los intentos de frenado mediante las zapatas que enviaba el ordenador del aparato y que, por algún motivo, no eran atendidos. A partir de ahí, «se pierde el gobierno de la máquina», que sigue subiendo, aunque «sin embalarse», hasta que choca contra el techo. En ese momento, se activó el sistema de «paracaídas», que enganchó a la cabina e impidió que cayera al vacío. Esta medida de seguridad «nunca falla», asegura Anero.
«Volaron»
Con el impacto, las cuatro ocupantes «volaron» literalmente y se golpearon contra el techo de la cabina, una placa lateral metálica se desplomó y cayó sobre ellas. El habitáculo se llenó de una nube de polvo y quedó situado a casi un metro de distancia del suelo de la planta 12.
Después de sustituir todo el sistema de frenado, el enconer -que controla la velocidad-, y los elementos deteriorados, como las celosías y el chasis de la cabina, el aparato volvió a ser instalado. Todos los gastos han corrido a cargo de la empresa. Una vez que se obtuvo el visto bueno del Departamento de Industria, el Consejo de Dirección del hospital decidió volver a ponerlo en funcionamiento el pasado miércoles día 30 de abril a las seis de la tarde.
«Ha sido un caso raro, rarísimo, de resonancia mundial que nunca antes les había pasado y eso que tienen instalados miles de ascensores en todo el mundo. Pero seguro que no vuelve a ocurrir después de todo el despliegue de medios, de horas de trabajo... lo han mirado todo, para ellos era muy importante», confía el director de servicios generales de Cruces.





